Juicio a Bussi y Menéndez: Un día tristísimo en el que la violencia ganó las calles
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Esta mañana tuvo lugar la última audiencia en el Juicio Oral y Público a los Generales Bussi y Menéndez, acusados de la desaparición del ex Senador Guillermo Vargas Aignasse. Los dos militares hicieron uso de la palabra, cada uno en estilos diferentes. Por la tarde el Tribunal dictó su sentencia y la violencia ganó las calles recordándonos viejos y muy dolorosos tiempos. Una verdadera pena. Por Luz García Hamilton
El centro de Tucumán amaneció sitiado desde muy temprano ya que el edificio donde se realiza el Juicio a los militares está en pleno corazón de la ciudad y las medidas de seguridad hacen que se corten las calles de las inmediaciones lo que ocasiona un verdadero caos en las calles que ya de por si suelen estar atascadas de tráfico. A ése desorden se sumaba que la legislatura también había decidido sesionar misteriosamente en forma simultanea con este juicio que acaparaba la atención de todos y cuando desde hacía 57 días que no se reunía, para lo cuál también se cortan las calles y como si todo esto fuera poco más de un centenar de taxis protestaba ruidosamente en la plaza principal lo que convertía al jardín de la República en un verdadero infierno en el que el sol pegaba fuerte poniendo el ánimo de todos al borde de la exasperación. Esa mezcla de rabia al no poder circular y de sensiblería acumulada porque para los tucumanos era un día MUY especial estuviesen a favor ó en contra de los militares contribuyó seguramente a caldera aún más los ánimos lo que hacía presagiar que podrían haber desbordes.
La audiencia del Juicio Oral y Público estaba anunciada para las 9.30 pero desde una hora antes se agolpaban manifestantes de izquierda en la esquina de Crisóstomo Álvarez y Chacabuco, justo en la puerta del Tribunal Penal Federal. Las vallas aislaban a éstos que ruidosamente se habían agolpado del público y la prensa acreditada mientras por el otro frente, San Lorenzo y Chacabuco, avanzaba otra columna formada por simpatizantes de Bussi y Menéndez entre los cuales venían a señora de Bussi y su hija Claudia. Era la primera vez que los republicanos marchaban juntos para acompañar al General. Dentro de la Sala de audiencia también el panorama era diferente al de otros días ya que también por primera vez aparecían en escena familiares de víctimas de la subversión y gente que portaba carteles recordatorios de militares y civiles asesinados.
Las escaramuzas y los cruces entre uno y otro grupo fueron notorias desde antes de comenzar la audiencia a tal punto que numerosos gendarmes custodiaron mezclados incluso entre la gente. La gran novedad y quizás el shock más fuerte fue ver sentados en la primera fila para un lado a la familia Vargas Aignasse en pleno y al otro a los hijos de Bussi acompañados nada menos que de María Fernanda Viola, la hija del Capitán Viola que sobrevivió al atentado en el que perdieron la vida él y su hijita de 3 años. Cabe recordar que en aquella época Fernanda tenía apenas 5 años y que debió afrontar ocho operaciones de cabeza. Su presencia fue todo un símbolo ya que fue el atentado a la familia Viola uno de los más crueles que se recuerden en Tucumán. Su madre, la viuda del Capitán Viola, estaba también presente y se sentó junto a la familia del General Menéndez, con los ojos llenos de lágrimas y un cartel que tan solo decía: “Capitán Viola y su hijita María Cristina” y la fecha en la que fueron asesinados. Maby estaba visiblemente conmovida pese a lo cuál habló con la prensa y hasta se abrazó con algunos familiares de desaparecidos explicándoles con ésa grandeza que la caracteriza, que compartía su dolor.
También entre el público que acompañó a las familias Bussi y Menéndez hubo carteles con los nombres del ingeniero José María Paz, del Coronel Larrabure, del Coronel Ibarzábal, de Paula Lambuschini entre otros portados no por sus familiares que prefirieron no asistir sino por gente que evidentemente apoyaba al régimen militar y quería homenajear y pedir justicia también para los muertos de la subversión.
Pero la mayor parte de la sala estaba ocupada por familiares de desaparecidos y por algunos pocos funcionarios entre los cuales podía verse al Secretario de DDHH de la provincia Daniel Posse y a Mario Koltan. No pasó desapercibida tampoco la presencia del “Perro” Santillán dentro de la Sala y rodeado de algunas abuelas con pañuelos blancos en la cabeza y de no pocas jóvenes con remeras que tenían leyendas como : “Ni perdón ni olvido”, ó “los Subversivos somos cada vez más”.
Con poco más de media hora de retraso y bastantes forcejeos entre militantes de izquierda y amigos de los Bussi que pugnaban por ocupar las primeras filas ó que se quejaban por los carteles con leyendas, arrancó la audiencia con la palabra de Antonio Domingo Bussi que ingresó en su silla de ruedas.
Bussi arrancó su discurso escrito en letras grandes y que según familiares tenía más de 20 páginas, dirigiendose al Fiscal Terraf a quien acusó de tener algún tipo de revanchismo personal con él. Terraf no tuvo reparos en dar vueltas su silla y ponerse de espaldas al General mientras él hablaba, una actitud llamativa para un Fiscal Federal que permaneció así durante varios minutos.
Respecto al desaparecido Vargas Aignasse Bussi dijo entre sollozos ““No lo vi ni lo traté en toda mi vida. La orden de detención era de carácter inexcusable e insoslayable”, indicó el enjuiciado. A continuación, sostuvo que el arresto de personas tras el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 sólo tenía por objetivo contrarrestar a posibles opositores a la consolidación de la Junta de Comandantes. “No se buscaba mortificarlas ni muchos menos su eliminación física”, tras lo cuál pidió permiso para reponerse y el Doctor Gabriel Casas hizo lugar a su pedido con permanencia en la Sala.
Bussi habló en todo momento con la voz quebrada, no tuvo la fuerza con la que explicó su accionar el primer día de la audiencia, al general su salud y su estado depresivo le jugaron esta mañana una mala pasada. Tenía previsto hablar muchísimo pero quedaron muchos temas pendientes porque según sus allegados sintió una gran fatiga y falta de oxígeno que lo hacían cortar su exposición. Sin embargo el Tribunal fue respetuoso y no lo apuró jamás, fue el propio Bussi el que decidió saltear hojas para poder leer por lo menos lo que él consideraba más importante.
Bussi hizo otra vez referencia a su enfrentamiento político con el fiscal Terraf pero le dijo “Usted cambió señor Fiscal, yo no, yo sigo siendo el mismo Bussi con mis más y mis menos”.
Defendió el accionar militar y se definió como un comandante de tropa que libró combates “con las consecuencias lógicas de toda lucha armada”, y sostuvo que durante su mandato como gobernador de facto ningún detenido denunció signos de tortura. Además, se ocupó de rechazar las imputaciones que le realizaron varios testigos, ante lo cual los familiares de Vargas Aignasse mostraron gestos de fastidio y de ironía. Bussi dijo que incluso la viuda de Vargas Aignasse negó que su marido haya sido torturado.
“Fui el único de la historia militar argentina que luego obtuvo la ratificación por el voto popular en plena democracia”, aseveró en otro pasaje de su descargo. “Me considero un perseguido por los derrotados de ayer en la guerra. Se actúa con rencor y con venganza en los más altos cargos del Gobierno nacional y provincial”, exclamó. También afirmó que quiso defender a Tucumán “de la agresión comunista”.
Tras repetidos ataques de llanto y después de haber sido controlado por los médicos del Siprosa, Bussi con las últimas fuerzas que le quedaban agradeció a la defensora oficial y a los soldados que lo ayudaron a liberar a la Patria y dijo “perdón, necesito retirarme”.
Fue una exposición incompleta la de Bussi y apareció un General vencido y golpeado, pero a la vez cargado de emoción que no pudo contener por sus años y por su pena, aseguraron familiares.
Mientras sus hijos escuchaban compungidos, varios de los presentes sonreían, se codeaban ó hasta hicieron algún comentario en voz alta que fue acallado por el Presidente del Tribunal. No pasó a mayores, sin embargo en el aire no se respiraba paz sino que había temor a que algo pudiera pasar.
Luego fue el turno del general Luciano Benjamín Menéndez quien dueño de un gran dominio y de una admirable serenidad a pesar del momento, habló con el mismo tono y la misma convicción que cuando lo hacía desde su cargo de Comandante del III Cuerpo del Ejército, reivindicando la lucha armada, explicando que pretendían los guerrilleros marxistas y asumiendo con convicción el rol y la responsabilidad para vencer con su tropa al enemigo. Menéndez se refirió al pueblo tucumano y habló de un pueblo con coraje que se puso al lado de su Ejército para salvar a su Patria. En ningún momento le tembló la voz y en un momento dado en que desde el público interrumpieron su discurso con insultos, digo con fuerza: “Repito porque las toses pueden haber tapado mis palabras” y embistió todavía con más fuerzas. Sorprendente la lucidez de Menéndez así como su fortaleza física.
Fueron dos discursos diferentes. Uno habló con emoción y sentimiento, el otro con seguridad y mucha fuerza. Uno está gravemente enfermo y sufre de depresiones frecuentes y el otro fuerte como un roble. Pero los dos representan al Ejército que con las botas puestas y aún con muchísimos errores defendió a la Patria del comunismo porque según sus propias declaraciones cumplían con su deber y fueron formados para eso. Ninguno mostró arrepentimiento, los dos aseguran que defendían un país y un modelo. Ambos se sienten responsables y también protagonistas y aseguran que de ningún modo pelearon contra una ideología. Mal ó bien, ellos son militares y sienten que defendieron su Patria.
Al terminar Menéndez su oratoria el Tribunal levantó la audiencia fijando las 17 horas para la sentencia final. Dentro de la Sala estallaron los cánticos “Y llora y llora Bussi llora”…”Asesinos, asesinos” y otros cánticos más mientras familiares y amigos de los acusados se retiraban de prisa y silenciosamente. Esta vez llamó la atención ver, que por primera vez, algunos de los hijos de Vargas Aignasse que tan respetuosamente se habían comportado, se sumaran a los cánticos y festejos, pero no entramos a juzgar esa conducta porque habría que estar en la situación de ellos y con toda ésa carga de emotividad para poder entenderlos.
En lo personal salí de la última audiencia con muchísima preocupación. Sentía cada vez con más fuerza que lejos de pacificar los ánimos y acercar a todos a una reconciliación, este juicio sólo había logrado abrir viejas heridas y rencores y poner la violencia otra vez en el tapete y a punto de estallar.
No tuve rabia ni rencor por nadie, seguía primando el respeto por todos y el convencimiento de que el dolor no tiene ideologías, pero tuve temor y tristeza, sentimientos como el odio y la revancha estaban ahí nomás, entre todos nosotros.
Por la tarde la sentencia
A fuerza de ser sincera debo confesar que me faltaron fuerzas para asistir a la lectura de la sentencia. Sabía que no iba a discutir ningún fallo y que fuera cuál fuera la decisión del Supremo Tribunal debía ser acatado con todo respeto. Ayer desde mi columna invitaba a la paz y hacía votos para que todos los presentes escucharan en silencio y con respeto. Sin embargo el clima enrarecido de la mañana y los muchos chisporroteos que se advertían desde nuestro palco de periodistas, me indicaban que no había ánimo para tal cosa y que cualquier cosa podía ser usada para dar rienda suelta a la violencia contenida.
Y no me equivoqué lamentablemente. Gabriel Casas leyó uno a uno los requerimientos del Fiscal y la decisión del Tribunal que preside. Las caras de los presentes denotaban satisfacción y hasta la TV mostró algunas sonrisas suspicaces. Las familias Bussi y Menéndez en cambio estaban muy serios y con la mirada fija en algún punto. Bussi y Menéndez escucharon sin hacer una sola mueca, estoicos e infinitamente tristes al decir de la expresión que cada uno no pudo disimular pese a los esfuerzos por no demostrar nada.
El Tribunal les dictó cadena perpetua a los dos, tal como se esperaba y dejó en suspenso el lugar del arresto sin enviarlos hoy mismo a la Cárcel común de Villa Urquiza como Terraf había solicitado. Hasta tanto se resuelva esa situación, Antonio Domingo Bussi volvió a la casa que alquila para cumplir arresto domiciliario en un Country de Yerba Buena en la más absoluta soledad junto a su señora y Luciano Benjamín Menéndez fue trasladado al ex Arsenal Miguel de Azcuénaga. Al parecer esto enojó a algunos que esperaban la cárcel común sin considerar que ambos tienen más de 80 años y afuera estalló la rabia.
Lo demás es tristísimo. Las imágenes mostraron las calles de Tucumán impregnadas de irracionalidad, de odio y de violencia como hacía años que no veíamos. Cascotazos, palos y piedras volaban y pegaban contra los escudos de los gendarmes que se negaban a reprimir y la confusión y el caos fue total. Finalmente usaron gases lacrimógenos para serenar a los manifestantes de quienes se había apoderado la irracionalidad.
Los tucumanos que ya habíamos olvidado episodios como ésos temblamos, no queremos nunca más que haya violencia, ni odio, ni irracionalidad. ¿Es que este juicio sólo sirvió para reavivar viejas tensiones y despertar sed de revancha tantos años después?, pues entonces lamentablemente nos equivocamos y mal.
¿Justicia?, sólo con Justicia se logra la paz. Allí estaba Maby, la viuda del Capitán Viola pidiendo justicia para los asesinos de su marido y de su pequeña hija y miraba azorada porque ella quería perdonar y abarazar a las madres y a los hijos del dolor. Pero huyó despavorida, lo último que Maby hubiese querido era ver odio y rencor. Y fue a la audiencia con la esperanza de encontrar un abrazo cálido y de poder estrecharse incluso con Marta, la viuda de Vargas Aignasse.
Ojala haya justicia en este país si es que con eso se logra la paz. Justicia para todos y verdad para siempre, ¿será posible?
Ha sido una jornada para el olvido, en Tucumán hay heridos y detenidos producto de que no les gustó el fallo del Tribunal pese a que a los generales Bussi y Menéndez les dieron prisión perpetua, es decir, ninguno de los dos podrá nunca más osar caminar por una calle ni salir siquiera de su casa ó de donde cumplan su arresto. Y es duro!!!. Pero si la Justicia así lo dictaminó así deberá ser.
Basta entonces de violencia por favor. Basta de intolerancia, basta de querer dominar todo y llevarse el mundo por delante. La violencia solo engendra violencia y no es, estoy segura, lo que ninguno, NINGUNO, quiere para sus hijos y nietos.
El dolor no conoce ideologías, digo con toda razón la viuda del Capitán Viola. A 34 años del golpe, es hora de que TODOS maduremos y no volvamos a cometer errores como los que nos llevaron a perder a tanta gente querida.
Tucumanos, recapacitemos esta noche. Hay heridos por todos lados, heridos del alma digo. Es hora de vivir en PAZ y nadie más que usted, yo y cada uno de los habitantes de esta tierra y de los que por la razón que sea presenciamos ó vivimos esta historia lo podremos lograr. De nosotros depende lograrla, seamos responsables, tenemos hijos que no tienen porque crecer arrastrando un pasado cargado de dolor.
Luz García Hamilton
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