15 abril 2009

AGUA Y CLOACAS PARA TODOS. Por Alberto Asseff

Publicado en Nacionales, Opinión |
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  • Periodismo de Verdad: 15 de abril de 2009

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    El título no es del todo vistoso, pero a esta altura es una proposición transformadora. Podría incluir ‘escuelas’, pero la concisión tiene sus reglas.

             

     

       Durante añares hemos recibido promesas en medio de grandilocuencias, para el frívolo deleite de los oídos, inclusive que éramos del ‘primer mundo’. Empero, vastas zonas de nuestro país siguen sin agua corriente y, menos que menos, carecen de servicios cloacales. Existen 4 mil escuelas del tipo rancho, sin agua corriente y en muchos casos sin electricidad permanente. La mayoría es atendida por un solitario maestro polifuncional. Para superficies enormes apenas si existen uno o dos médicos. Las crónicas suelen anoticiarnos de padres angustiados que llevan a sus hijos a lomo de burro, andando grandes distancias, anhelando encontrar un facultativo y una medicina. Centenas de poblados tienen por toda comunicación sendas de tierra que envidian al Camino Real a Potosí  y a las comarcas altoperuanas que tuvimos en la era preindependiente. Literalmente, ciertas partes rurales argentinas, donde viven nada menos que un millón y medio de compatriotas, están como ‘llegamos de España’ o como estábamos aquí antes de que ellos arribaran. Y, más dramático, existen áreas que se parecen al África profunda. Otros dos millones, residentes en el interior de las provincias norteñas, no en sus capitales, sufren un olvido vergonzoso. La desidia impele a muchos de estos habitantes del interior olvidado a migrar para hacinarse, agravando toda la problemática social que nos golpea a todos.

                De pronto irrumpió en la Argentina contemporánea el dilema de la identidad que ya nos había agitado en el s. XIX. De la Argentina ‘europea‘ devenimos en la ‘latinoamericana‘. Se sobreponen, sin aunarse. Porque si la búsqueda de la identidad es siempre crucial, si esa ansiedad convive con la fractura sociocultural, el cuadro agudiza las complejidades.

                No estamos dando adecuadas respuestas a esta identidad lábil, preñada además por la pugna de esas dos raíces. Hablamos y mentamos a la globalización, pero nos olvidamos de la primera de todas ellas, la Argentina globalizada hacia adentro. Nos falta el proyecto que nos totalice, sin totalitarizarnos. Que nos embarque y nos dé rumbo, sin mella para que debatamos y hasta discutamos muchas cosas, desde cómo y quién será el capitán y cuál el ritmo y los matices de la marcha colectiva.

                Mientras persiste esta desorientación afloran cada día más dramas, desde la delincuencia y la drogadicción hasta las epidemias y los conflictos por doquier.

                El cuadro se sufre en el Norte, especialmente, pero se extiende por todos los lares. Inclusive a treinta cuadras del Obelisco – y hasta menos – se padecen hacinamiento y submundos. La Villa 31 de Retiro se halla a dos cuadras del refinado barrio de Recoleta, pero allí todo es precario y por supuesto no hay ni agua ni cloacas.

                Techos de escuelas que gotean. Aulas destartaladas. Carencias, no de pizarrones electrónicos, sino de elementales tizas. No falta el agua caliente, sino la propia agua potable. Para dotarla hay que cacharrearla -excusas por el mal sonante verbo. El caballo o las piernas siguen siendo los medios locomotrices para muchos argentinitos que van a la escuela. Algunos tienen que cruzar el Bermejo en canoa para asistir a clase porque entre su rancho y su escuela no hay puente.

                El país recibió azorado a la abrupta epidemia de dengue. En la circunstancia se enteró de que la sojera y relativamente próspera Charata, de 25 mil habitantes, está privada de agua corriente. ¿Imprevisión? ¿Desidia? ¿Por qué no se ejecutan planes de mediano plazo para que todo el Chaco – y todo el país que no los dispone – tengan agua corriente y cloacas?

                El ministerio de Salud de la Nación – de los de algunas provincias, mejor ni mencionarlos -, con tardanza, dio algunas reglas de prevención. La principal, no acumular agua en vasijas.¡Cómo no hacerlo si es el único modo de disponerla para miles de argentinos!

                Todos los días se exaltan a los derechos humanos. Es razonable que estén en la primera línea de la agenda. Empero, ¿qué hay de los derechos humanos de miles de bebés que mueren antes de los dos años por falta de agua y de higiene? . Detrás de la fría estadística de mortalidad infantil hay derechos humanos hollados por la negligencia y la deplorable mala gestión.

                ¿Es tan complejo desburocratizar la telaraña administrativa del Ministerio

    de Educación nacional y derivar esos recursos hoy malgastados para infraestructura y equipamiento escolar en las regiones más necesitadas?  Si se promoviere una campaña confiable para que tengamos las mejores escuelas y los más capacitados maestros, ¿no habrían mecenas nacionales e internacionales predispuestos para anotarse en aras de tan enaltecedor y noble objetivo? 

                Se ha pontificado mucho – y con razón – de las bondades del cooperativismo. Entonces, ¿por qué no se impulsan más cooperativas de agua y cloacas en aquellos pueblos que no poseen esos servicios ?  Es de señalar que más que dar esos bienes, hay que organizar que los habitantes se los den a sí mismos. En vez de Estados – sean municipal, provincial o nacional – dadivosos, requerimos que las autoridades públicas cooperen con las organizaciones civiles y juntos llenen esas necesidades básicas. Obviamente, debe ser el Estado el actuante en aquellas geografías donde la labilidad privada lo exija.

                Discursivamente somos campeones. Puestos a hablar, insuperables, aunque últimamente observamos que hasta la retórica se está degradando. De florida y espléndida está deviniendo en áspera, cuando no grosera y resentida. Esa locuacidad nos anuncia recurrentemente que experimentaremos cambios trascendentales: ‘democracia curadora, alimentadora y educadora”, ’revolución productiva y acceso al primer mundo’, ‘institucionalidad republicana ejemplar‘, ‘política nueva y progresista’ y consignas de esa naturaleza e índole. Empero, transcurren los quinquenios y todo se empeora. Tanto que hoy añoramos el clientelismo de las ‘cajas PAN’ y hasta el de las ‘manzaneras’. El distribucionismo clientelar está llegando al paroxismo. Con él naufragan la dignidad y cultura del trabajo y naturalmente la genuina democracia. No hay voluntad popular cuando se la subordina a miserables procedimientos prebendarios.

                Agua corriente, cloacas y escuelas como Dios manda y quiere – y la Argentina clama por tenerlas – son los nombres simples de una formidable transformación, por no decir revolución. Arrinconaríamos a las vanas palabras y haríamos historia. Quizás, no la que soñábamos facturar en los esplendores del Sesquicentenario. Pero, por lo menos el Bicentenario nos encontrará haciendo algo serio y en serio. Con pretensiones modestas y elementales, ¿quién dice que no llegaremos a metas grandes?.

    *Presidente de UNIR

    Unión para la Integración y el Resurgmiento

    pncunir@yahoo.com.ar


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    Esta noticia fue publicada el Miércoles, abril 15th, 2009 a las 15:21 bajo la sección Nacionales, Opinión. Puedes seguir cualquier respuesta a esta noticia mediante de RSS 2.0 feed. Puedes dejar una respuesta, o seguirla desde tu propio sitio.

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