Monseñor Luis Villalba, Obispo de Tucumán, visitará al Papa
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Junto con el tercer grupo de obispos que realizan la Visita ad limina Apostolorum, de nuestra Conferencia Episcopal, parte a Roma Mons. Luis H. Villalba, Arzobispo de Tucumán. Texto completo de la Carta Pastoral que sobre la Visita ad Limina ha realizado Mons. Villalba.
El lunes 20 de abril, Mons. Villalba tendrá a su cargo, la homilía en la misa de apertura de la visita en la Basílica de San Pedro; como también el 30 de abril el discurso ante el Papa. Carta Pastoral que sobre la Visita ad Limina ha realizado Mons. Villalba.
La Visita ad limina Apostolorum es la peregrinación que todos los obispos y arzobispos diocesanos deben realizar a las tumbas de los Apóstoles Pedro y Pablo, en la ciudad del Vaticano, y la visita al Romano Pontífice.
El objetivo de la misma es informar al Papa, cada cierto período, que va entre 5 y 10 años, del estado de la diócesis que gobiernan.
Durante esta visita, el obispo debe dar cuenta del estado moral y espiritual de su diócesis y todo lo relacionado con su gobierno.
A continuación agrego la Carta Pastoral que sobre la Visita ad Limina ha realizado Mons. Villalba.
Carta Pastoral
de mons. Luis H. Villalba, arzobispo de Tucumán,
sobre la Visita ad LÍMINA 2009
Queridos sacerdotes, diáconos, consagrados y fieles laicos:
1. Mientras me preparo para la Visita “ad límina” que realizaré, Dios mediante, en el mes de abril próximo junto a un grupo de obispos de nuestro país, quiero compartir con ustedes algunas reflexiones sobre el sentido religioso y pastoral que tiene este encuentro con el Santo Padre Benedicto XVI.
Lo que da el nombre a esta visita, llamada precisamente “ad límina Apostolorum”, es el gesto fundamental de la peregrinación a las tumbas de los Apóstoles Pedro y Pablo.
La Visita “ad límina” tiene por objeto venerar aquellos lugares, que fueron los umbrales, la puerta, la casa por antonomasia de los Apóstoles.
Los obispos peregrinamos a Roma a orar ante los sepulcros de los Apóstoles Pedro y Pablo y encontrarnos con el sucesor de San Pedro y expresarle nuestra adhesión, nuestra comunión, nuestra obediencia al Vicario del Señor. Siguen resonando las palabras de Jesús: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt. 16,18).
La costumbre de peregrinar a Roma para orar ante las tumbas de los Apóstoles Pedro y Pablo se remonta a la antigüedad cristiana, a partir de la segunda mitad del siglo II. Estas peregrinaciones para visitar las tumbas de los Apóstoles, tienen un profundo significado espiritual y de comunión eclesial.
La huella de una primera Visita “ad límina” la encontramos en la carta de San Pablo a los Gálatas, donde habla de su conversión y del camino que ha tomado hacia el apostolado de los paganos y – aunque fuese apóstol llamado e instruido inmediatamente por el Señor resucitado- les dice: “Tres años más tarde, fui desde allí a Jerusalén para visitar a Pedro y estuve con él quince días” (Gál. 1,18). El mismo gesto lo cumple, una vez más, catorce años después: “Al cabo de catorce años subí nuevamente a Jerusalén… les expuse el Evangelio que predico entre los paganos… para asegurarme que no corría o no había corrido en vano” (Gál. 2,1-2).
Aunque no consta una fecha concreta sobre la institución de la Visita “ad límina”, sin embargo son numerosos los testimonios que desde el siglo IV hablan de su existencia.
Con el transcurrir del tiempo se fue perfilando e institucionalizando la visita de los Obispos al “umbral de los Apóstoles”.
La legislación vigente determina que es un deber de cada obispo, en cumplimiento de una norma canónica, ir cada cinco años a Roma para realizar la Visita “ad límina Apostolorum” (Código de Derecho Canónico, can. 399-400).
2. La Visita “ad límina” es un acto que cada Obispo cumple para el bien de la propia diócesis y de toda la Iglesia, para fomentar la unidad, la caridad, la solidaridad en la fe y en el apostolado.
La visita “ad límina” tiene dos fines esenciales:
a) Venerar los sepulcros de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo
La Visita “ad límina” expresa el sentido de un camino espiritual. Lejos de ser un hecho meramente formal, constituye una verdadera peregrinación.
La oración ante las tumbas de los Apóstoles Pedro y Pablo, columnas de la Iglesia, le confieren a la Visita un sentido profundamente religioso. Efectivamente, de este modo queda expresada la unidad de la Iglesia, fundada por el Señor sobre los Apóstoles y edificada sobre el bienaventurado Pedro, con el mismo Jesucristo como piedra angular y con su Evangelio como salvación para todos los hombres.
Celebraré la Eucaristía en las Basílicas de San Pedro, de San Pablo, de San Juan de Letrán, y de Santa María la Mayor junto a los Obispos argentinos. Voy a Roma, pero no voy solo, ya que llevo en mi corazón a todas las comunidades encomendadas a mi cuidado pastoral, que de un modo especial estarán conmigo en cada una de las celebraciones. Allí estarán presentes cada una de las Parroquias, de las Capillas y de los Colegios, y también las Instituciones, los Movimientos y las distintas áreas de la pastoral. Allí estarán presentes los sacerdotes, los seminaristas, los consagrados, todos los fieles laicos, especialmente los más necesitados de la ayuda del Señor.
b) El encuentro con el Santo Padre Benedicto XVI
La Visita “ad límina” es una feliz ocasión de entrevistarme con Pedro y de entablar con él un diálogo, acerca de los problemas de la arquidiócesis y de la Iglesia universal.
Como en toda visita, se trata de un encuentro, es decir, de una oportunidad para hablar, para estar con el Papa, para intercambiar en nombre de Cristo el abrazo de la caridad y de la paz.
Como Obispo, soy miembro del Colegio Episcopal, sucesor del Colegio de los Apóstoles, y mi Visita “ad límina” está expresando que la colegialidad exige el centro “petrino” y resultaría utópica sin este centro. Es a Pedro a quien el Señor le concedió el poder de confirmar a los hermanos en la fe (ver Lc. 22,32). Mi encuentro con el Papa está poniendo de manifiesto la relación más profunda, de comunión jerárquica, afectiva y efectiva, con quien posee en la Iglesia el primado y es, a la vez, el principio visible de unidad entre los obispos (Lumen Gentium, 23).
Mi visita manifiesta y consolida la unidad fundada en la única fe y garantiza la comunión con el Vicario de Cristo en la tierra. El Papa es el garante de la unidad, de la universalidad, de la caridad de la Iglesia. Por eso voy a encontrarme con Pedro, como lo hizo Pablo, para asegurarme que no corro o no he corrido en vano (ver Gál. 2,2).
3. La Visita “ad límina” es expresión de la solicitud pastoral que está presente en la Iglesia entera. Se trata de un encuentro entre pastores de la Iglesia, unidos entre ellos en la unidad colegial, que se funda en la sucesión apostólica.
La Visita “ad límina” es, para mí, una invitación y un estímulo para confrontar la misión que se me ha confiado respecto a la Iglesia Particular, con la vocación universal de la Iglesia. No dudo que revitalizará la acción de nuestra Iglesia particular de Tucumán y que seremos reconfortados por las orientaciones y consejos de Pedro. Confío que este encuentro me confirme en la misma fe, permaneciendo unidos en la misma caridad.
Durante la Visita “ad límina” también tendré encuentros con los distintos organismos de la Santa Sede: congregaciones, secretariados y comisiones.
En la Visita llevaré al Santo Padre los anhelos, las preocupaciones, los planes pastorales de nuestra Iglesia Diocesana. De una manera especial, presentaré al Papa la esperanza puesta en el Seminario Arquidiocesano y en el aumento de las vocaciones sacerdotales.
Nuestra Iglesia diocesana mira a la de Roma y de ella espera luz, orientación, aliento y apoyo.
Queridos hijos y hermanos:
Siento la necesidad de que me acompañen con sus oraciones en esta peregrinación a Roma, a las tumbas de los Apóstoles Pedro y Pablo, rogando al Señor para que esta Visita sea fecunda para nuestra Iglesia Particular de Tucumán.
Les pido que, especialmente durante el tiempo de la Visita, del 20 al 30 de abril, oren de la siguiente manera:
- ü Los sacerdotes: rezando en la Misa de cada día, la Oración “Imperada” por la “Iglesia local” (Misal Romano, página 933).
- ü En la Oración de los fieles: poniendo una intención particular por los frutos de la Visita.
- ü Que cada comunidad haga una Hora Santa rogando al Señor que la Visita “ad límina” nos ayude a crecer en la unidad y en la caridad.
Los saludo con paternal afecto y les otorgo una especial bendición, en Jesús y María.
Gentileza Oficina Prensa del Arzobispado de Tucumán























