La incertidumbre y la gripe “A”: Verdades epidemiológicas y mentiras estadísticas. Por Omar López Mato
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“He comprendido que hay dos verdades, una de las cuales jamás debe ser dicha”. Esto sostenía Albert Camus, el autor de “La peste”, en cuyo libro señala la incertidumbre que experimentamos las personas ante cada epidemia. Las certezas se pierden cuando somos víctimas de una enfermedad invisible, de un virus infinitesimal. Al percibir que nuestras vidas estás en manos de casi nada, comprendemos nuestra vulnerabilidad, más cuando tomamos conciencia, como en la novela de Camus, que “la peste nunca muere o desaparece, que permanece dormida por décadas”.
Pensábamos que la viruela había desaparecido del mundo y sin embargo renace en un rincón del Sahara, el dengue que parecía una pesadilla del pasado afectó a miles de argentinos, la fiebre amarilla, la misma que diezmó a los habitantes de Buenos Aires en 1871 nos acecha a la salida de la primavera, seguimos con Chagas y vinchucas, tuberculosis y desnutrición y para completar el escenario, ahora tenemos esta gripe que cayó del cielo y que tanta zozobra causa en la población, más cuando nos dicen (como al pasar), que este virus desciende de aquel otro, el de la gripe española del ‘18.
La OMS ya habla de pandemia, palabra apocalíptica si las hay. Una vez más Camus nos alumbra, “todas las desgracias de los hombres provienen de no hablar claro”, y aquí abundan esas verdades que no pueden decirse, porque de la misma forma que hay dos verdades, existen tres mentiras, como decía Disraeli, -las pequeñas mentiras, las grandes mentiras y las estadísticas. La epidemiología es estadística y como tal puede ser engañosa.
Los argentinos nos enfrentamos a afirmaciones como que hay 120.000 infectados, para horas más tarde y por la misma boca saber que solo hay 2.600 (que hoy lunes 13, ya son 3.000). Sin embargo esta incongruencia responde a una realidad. Veamos un ejemplo: Si usted hoy comienza a sentirse enfermo (Dios no lo quiera) y tiene más de 38.5 grados de temperatura, llamará a un médico que lo revisará, lo auscultará, escuchará cómo andan sus pulmones y si lo ve más o menos enterito, le endosará el diagnóstico de “Gripe A” (que suena mucho mejor que Gripe porcina). Así sin análisis, ni estudios, ni nada y le recetará el “Tamiflú”, ¡Y arreglate para conseguirlo!
Si su situación es más comprometida o pertenece al grupo de riesgo (Diabetes, Sida, Embarazo, en tratamiento por Cáncer, inmunodeprimido, etc., etc.) entonces si le pedirá la serología (que recién ahora se puede hacer en pocas horas, pero que antes había que esperar por lo menos tres días, cuando el “Tamiflú” debe ser administrado antes de las 48 horas). El examen de laboratorio solo fue realizado en menos de 10.000 sospechosos de estos solo 3.000 fue positivo.
Nos enteramos por “The Economist”, que el índice de mortalidad es del 2.5 % en Argentina, mientras en Chile es del 0.2 %. ¿Acaso el virus se ensaña con los argentinos? No, lo que pasa es que comparamos naranjas con aceitunas.
Si tomamos las muertes y los casos confirmados serológicamente, 120 sobre 3.000, el índice es brutal: Un 4 %, una barbaridad. Pero como vimos, solo se pide la serología a un pequeño porcentaje de los que se consideran infectados.
El Ministro Manzur al decir que hay 120.000 casos de gripe “A”, (cosa que probablemente tenga razón, pero que no podemos confirmar), baja los índices a los niveles menores de nuestros vecinos, porque de haber 120.000 infectados, deberíamos tener 240 muertos, y vamos por 120 (según cifras oficiales). ¿Por qué esta diferencia?
Esto debe quedar bien claro, el virus de la Gripe A NO MATA, si lo hacen las sobreinfecciones con bacterias que producen afecciones pulmonares principalmente (neumonías). Pero los diarios dicen “murieron 100 personas por gripe A”. La gripe fue el detonante, la causa de la muerte es otra, pero la noticia es la “Gripe A”.
Aquí tenemos otro tema epidemiológico, el de las 2 verdades. Un joven tiene el virus “A”, que lo hace más proclive a una infección y muere de esa infección, o de un shock o de una descompensación cardiaca, ¿Cuál es la causa de muerte? ¿Cómo figurará en el parte de defunción? De aquí surgen algunas discrepancias diagnósticas y por eso las dos verdades.
Cuando estaba en la facultad de medicina, hace varios años ya, me enseñaron que el criterio diagnóstico para una gripe era epidemiológico -¿Qué quiere decir esto? Que es estadístico, un diagnóstico hecho a base de probabilidades. Si a Usted le duele el cuerpo, tiene tos y fiebre, y estamos en invierno, tiene muchas probabilidades de ser una influenza en cualquiera de sus variables (¡que son 60!) y no le demos más vuelta al tema, hasta que se demuestre lo contrario. Hay Docenas de enfermedades que empiezan con la misma sintomatología. Hacerles la serología a todos es imposible. Cada año aproximadamente el 5 % de la población contrae la influenza estacional. Este año le pusimos nombre, la llamamos “porcina”, o “A”, o “H1N1” y aparece el terror.
El año pasado murieron según distintas versiones entre 4.000 y 12.000 personas (bueno, las estadísticas sanitarias en Argentina con así) a causa de la influenza. Como ya señalamos, esta cifra se presta a discusiones, porque si bien muchos murieron por neumonía, la causa que inició el proceso fue la influenza, pero no quedó consignado.
Las fotos de las victimas no salieron en los periódicos y pocos medios recogieron la noticia. La gente no se desgarró las vestiduras ni hubo cambio de ministros. A lo sumo, algunos arquearon una ceja mientras tomaban el desayuno. ¡Mirá vos! Parecía una noticia lejana, ajena a nuestro mundo. Este año debemos esperar una cifra igual o mayor. Estos números se repiten año a año, sin embargo esta gripe parece estar tocando a nuestra puerta. Entre a Internet y escriba “gripe porcina”: hay casi 9.000.000 referencias.
El virus “A” no parece ser peor que el que sufrimos el año pasado. No es para nada parecido al aviar, que si es un virus de temer. Pero el virus aviar poco ataca a las personas. El porcino o “A” es de más fácil contagio.
¿Qué está pasando entonces?
Vamos por parte. México reconoció la muerte de 115 personas. Las autoridades dijeron que eran por “Gripe A”. ahora ¿se les hizo la serología a todos? ¿Pertenecían a algún grupo de riesgo? ¿Tenían Sida, tuberculosis? ¿Estaban inmunodeprimidos? ¿Hubo autopsias? Silencio. Nadie sabe, no contestan.
México entonces declaró la emergencia y cerró el país. La epidemia se detuvo. Si, pero ellos estaban a la salida del invierno, mientras que a nosotros nos esperan tres largos meses de frío. ¿Acaso las autoridades piensan que con este receso parcial el virus se va a diseminar menos? Puede ser que disminuya el contagio mientras dure el temor inicial, pero la actividad en algún momento se va a reiniciar. Los colegios abrirán, la gente va a salir, van a ir a trabajar, ¿y entonces? El virus no se va a ir, estará dormido –como en el libro de Camus.
Se estima que por lo menos habrá 1 millón de personas infectadas. Si vamos por los 120.000, todavía falta un montón. El virus no llegó aún a todas partes, pero este asueto realizado con miras a frenar la enfermedad, dispersará la epidemia por el país. Va a llegar a zonas más desprotegidas, a los bolsones de pobreza. ¿Cómo va a reaccionar allí? No se sabe, pero deberemos esperar los mismos índices de mortalidad que la influenza cobra todos los años. El virus “A” no es más grave, pero está atacando a la población más joven y activa.
Dicen que en 1955 hubo una gripe emparentada con esta variedad, que por eso ataca a gente más joven porque los mayores de 55 están inmunizados. Puede ser, solo caemos en un campo especulativo, pero hasta ahora la población mayor es la que suele vacunarse contra la influenza (que no incluye esta cepa). ¿Podrá esta vacuna atenuar la forma de expresión del virus “A”? Una vez más suposiciones.
Mientras esperamos los acontecimientos ofrecemos una débil resistencia con barbijos y alcohol. Los barbijos no sirven para evitar la adquisición del virus, el mismo pasa a través de la telita cómodamente. Si sirve en algo para evitar en los ya con gripe la sobre infección con gérmenes (bacterias) que son las verdaderas causantes de las muertes.
El alcohol en gel se ha agotado en todos los comercios. ¿Sirve el alcohol? Teóricamente el alcohol destruye la membrana lipídica del virus, pero para lograr su cometido necesita tiempo, por lo menos 5 minutos, por eso el alcohol común no sirve, se evapora muy rápido. ¿Pero el gel, llega a estar 5 minutos? Depende del uso y eso no lo explicaron. Pero igual es una endeble barrera, empeorada porque los bandidos de siempre, en vez de vender etanol, venden metanol que es muy tóxico. ¡Cuidado!
Tratamos de tapar el sol con las manos. Como Baby Boomers que crecimos protegidos por la tecnología, pensamos que mágicamente la ciencia vendría a nuestro rescate. Lamentablemente el virus llega a todos lados, sin respetar nuestra voluntad. Es como la estupidez –persiste siempre.
Quizás debamos someternos a la voluntad de Ananke, la diosa griega de lo inevitable, lo ineludible. La que los romanos llamaban Necessitas.
Ananke es pareja de Cronos, el dios del tiempo, y entre los dos ordenan el Cosmos. Cronos además es el dios que todo lo cura. Curiosamente –nos recuerda mi amigo Eugenio Marchiori en su excelente libro, “Los desafíos de la incertidumbre”, de ineludible lectura en estos tiempos de peste, Ananke era la madre de las Parcas y con ellas manejaba los husos que rigen los movimientos del Universo, ese Cosmos que necesitamos ordenado por el temor a la fatalidad, por miedo a privarnos de la ansiada felicidad. De allí este miedo patológico a la peste, que nos quita certezas en un mundo que deseamos previsible.
Nuestra primera reacción ante la falta de certezas, es echarles la culpa a los otros, más cuando el efecto INDEC cunde. Cada cifra que nos da el gobierno nos recuerda a los índices de inflación morenista. Más incertidumbre, más desconfianza.
¿Las elecciones fueron culpables de la dispersión del virus? Si, en parte. No hay dudas que sirvieron para diseminar el virus que tarde o temprano lo hubiese hecho.
¿Las medias tintas? Colegios no, fútbol si, Shoppings abiertos, subtes corriendo… (¿Alguien los desinfecta? En México los desinfectaban cada tantas horas. ¿Aquí? No se). ¿Feriado administrativo? Nadie se quedó en casa, ahora el virus va a llegar a los lugares más recónditos del país, de hecho, el Comité de Emergencia no lo aconsejó. Este fue un “San Perón Sanitario”.
¿Falta de provisión de medicamentos? Absolutamente. Trate de conseguir Tamiflú.
Esa si que es falta de prevención, porque frenar la diseminación del virus es tarea ímproba, pero tratarlo una vez establecido, es indispensable. Una vez más atamos con alambre. Recién ahora tenemos Kit para el diagnóstico rápido de la enfermedad. ¿Por qué centraron todo en el Malbrán? Unitarismo le dicen.
Tratamos de evitar lo inevitable y postergamos lo tratable, un signo más de argentinidad. Si por lo menos habrá 1.000.000 de infectados y recién hay 500.000 de dosis ¿No piensan que se quedaron cortos?
Para terminar con quien habíamos comenzado, una frase de Albert Camus:
“Al principio de las catástrofes y cuando han terminado, se hace siempre algo de retórica. En el primer caso, aún no se ha perdido la costumbre; en el segundo se la ha recuperado. Es en el mismo momento de la desgracia cuando uno se acostumbra a la verdad”.
Y eso, amigos míos, es hoy.
omarlopezmato@gmail.com
Gentileza de www.olmoediciones.com para NOTIAR
Fuente: Notiar
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