4 agosto 2009

Materialismo carnal. Por Nélida Rebollo de Montes

Publicado en Educación, Opinión |
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  • Periodismo de Verdad: 4 de agosto de 2009

    NELIDA REBOLLO MONTES   

    La realidad del materialismo carnal se impone con fuerza demoníaca. Afrontémosla con la razón despierta y la voluntad vigilante a fin de evitar males mayores. En la educación sexual escolar sobresale un sentimiento hostil hacia el cristianismo y hacia la Iglesia; no se reconoce su concepción de la dignidad y trascendencia de la persona.

     

     

     

    Como en otras oportunidades el Arzobispo de La Plata presidente de la Comisión de Educación Católica del Episcopado, Monseñor Héctor Aguer, manifestó su total desacuerdo con el enfoque de un documento del gobierno sobre educación sexual, calificándolo de marxista y totalitario.

    La actitud del Arzobispo fue patrocinada por principios sostenidos por fuentes cercanas al Presidente del Episcopado, Cardenal Jorge Bergoglio que consideran el texto del informe con una visión reduccionista sin que figure la palabra amor y su esencia ética. Otro calificativo sobre el mismo informe es contructivista ya que “detesta la distinción y complementariedad de los dos sexos; y neo-marxista, por interpretar la sexualidad “según la dialéctica del poder”.

    Además ha provocado negativas fundamentadas el manual distribuido a los maestros, que lleva el nombre “Material de formación de formadores en educación sexual y prevención del VIH/Sida”, de 2002 páginas provenientes de los Ministerios de Educación y de Salud que se basa en programas de lucha contra el Sida, de las Naciones Unidas y de otros organismos internacionales.

    Indudablemente el Arzobispo comprobó que el documento parecía otra imposición totalitaria del Estado, apareciendo como una velada amenaza a la libertad de “enseñar y aprender la verdad”. Por su parte el Ministro de Educación Alberto Sileoni, aclaró que se trata de un documento amplio destinado a ser discutido en los institutos de formación docente y no a ser aplicado directamente en los colegios; y, que la posición oficial del Ministerio está dada por un único documento que son los lineamientos curriculares para la educación sexual integral, aprobado por el Consejo Federal de Educación el año pasado tras la responsabilidad que le asignó al Estado la ley 26.150 para garantizar el derecho de niños, niñas y adolescentes a recibir educación sexual en la escuela.

    No obstante esa aclaración el Arzobispo Aguer le atribuyó al documento una imposición totalitaria ya que en ninguna de las propuestas tiene en cuenta la libertad de conciencia, tanto de sus alumnos como de sus padres, garantizada por la Constitución y por la misma ley de educación.

    Hay más consideraciones al respecto pero preferimos recordar la sólida postura de Mons. Aguer cuando la ley que cita el Ministro de Educación sólo era un proyecto de ley de educación nacional conocido con el nombre “Construcción Ciudadana”. Es entonces cuando el Arzobispo advirtió que el proyecto, ahora ley, desconoce la dimensión religiosa del hombre y se basa en una filosofía de la educación de corte constructivista.

    En nuestro comentario anterior acompañamos la postura de Mons. Aguer porque el proyecto de entonces tendía en forma manifiesta a manipular a los menores para la aceptación de la ideología de géneros y de los matrimonios de homosexuales. Esto estaba tan claro como los hechos consumados ahora pues introduce el concepto de formación integral sin mencionar las dimensiones que la integran como es la espiritual y omitiendo, además, el derecho de los padres a elegir una educación que responda a sus convicciones.

    El plan propone enseñar a niños de siete años que no hay un modelo de familia sino muchos modelos, todos válidos.

    Los autores han hecho un cambio cultural marcado por un fuerte secularismo en el que se selecciona lo que agrada y conviene de la enseñanza de las cosas como si Dios no existiese. Sobresale en ese plan un sentimiento hostil hacia el cristianismo y hacia la Iglesia; no se reconoce su concepción de la dignidad y trascendencia de la persona.

    Hay una intención de seguir provocando la decadencia de la educación argentina, que genera, entre otras cosas, el aumento del analfabetismo y la pobreza cultural. No sólo preocupa la transmisión de conocimientos tergiversados sino también la ausencia de valores. En cuanto a la relación sobre la construcción de la memoria histórica sobre un pasado reciente, tal el desgraciado caso del terrorismo, se advierte en el documento la temeraria tendencia de imponer una historia oficial falseada porque esa historia no está completa. Se reemplaza la historia como ciencia de la verdad mientras se impone la ideología niveladora y totalitaria en la que el hombre libre no tiene cabida.  

    La lectura consciente y meditada del documento del Ministerio de Educación en materia de educación sexual, promueve la corrupción sexual entre los jóvenes. En los colegios, a los adolescentes de trece años, se les presenta el preservativo como una vacuna. El método es tachado de corrupción legal y “una incitación a la fornicación, a la lujuria, la promiscuidad y todo aquello que desdibuja a la persona y aniquila la familia y la sociedad”.

    La reforma carece de sustancia humana. En una palabra es una teoría del saber de la ciencia para describir el conocimiento humano como lo promueve una escuela de pensamiento que se ha desarrollado en los últimos veinte años con el nombre de constructivista que domina en la pedagogía contemporánea y en las ciencias sociales en la que se incluye un lenguaje cuya configuración estructural pertenece a una ideología permisiva y mecanicista en la conducta sexual. Para nada se instruye sobre la fusión del cuerpo y el alma en lo que debe ser un acto de amor.

    “El libro negro del Psicoanálisis” revela el lenguaje psicoanalítico freudiano con las trampas y errores inculcados. Estamos ante un nuevo adoctrinamiento que se pretende llevar a cabo en la asignatura Construcción de Ciudadanía, la misma que en España fue rechazada en algunas ciudades y en otras, optativa. Además dio lugar a un encendido debate.

    Hubiera sido más útil y noble apelar a la idea de educación como desenvolvimiento, como un camino de perfección ya que la idea de educación es la idea central de formación integral orientada hacia una máxima perfección en los atributos específicamente humanos, tan necesarios en estos tiempos en que los excesos y desviaciones sexuales es alentada en un plano de falsedad filosófica que lo único que promete es una realidad sombría y una regresión inadmisible, más el peligro del libertarismo desenfrenado y del grosero sensualismo forjado por tramposos de toda laya.

    Hay que descubrir quién o quiénes promueven la obsesión de la sexualidad sin amor y mueven los hilos de la irresponsabilidad sin detenerse siquiera ante la profanación de la inocencia.

    La docencia debe concebirse siempre como un camino de perfección; y, los maestros y profesores como un vivo sentimiento de justicia, capaz de un raciocinio ponderado sobre sus acciones y sentimientos.

    Una actitud morbosa o cínica ante lo sexual pretende imponerse con una ley injusta votada por el oficialismo, aplicándola a pesar de que ocurren aberraciones sexuales permanentemente. Esto obliga a extremar el cuidado ante el peligro que acecha a los más jóvenes. 

     

    Por Nélida Rebollo de Montes (columnista de Radio La Red en su Revista Plural) 

     

     

    Nélida Rebollo de Montes, Profesora y periodista, distinguida con el Premio Benefactora de la Cultura. Ingresó en la Academia Provincial de la Historia con el trabajo titulado “Mujeres de mayo y prácticas electorales de 1816”. Con el voto unánime ingresó a la Sociedad Argentina de Escritores, institución que la distinguió con la “Pluma de Oro”, con la “Faja de Honor” y el “Gran Premio de Honor”. Autora del libro “Nuestro Tiempo y Nuestras Razones”, que incluye artículos de su profesión periodística, afrontando la difícil tarea del comentario instantáneo sobre los acontecimientos que se suceden diariamente. La gente valora en ellos el estudio relevante sobre el presente. El libro figura en las Universidades de Yale, de Columbia y en el catálogo online de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos de Norteamérica. Su Ensayo “Rosalía de Castro. Antonio de la Torre : dos testimonios de la pasión poética” fue incluido en la Biblioteca de la Universidad de Santiago de Compostela de España, en la Biblioteca Pública de Nueva York y en la Universidad Stony Brook de Nueva York de Estados Unidos de Norteamérica.

    Fue galardonada, en 1986, con el premio internacional “Honoris Causa”, otorgado por la Acción Católica Argentina con sede en Los Ángeles, Estados Unidos de Norteamérica. En el mismo año, la Comisión Interamericana de Mujeres de la Organización de Estados Americanos (OEA) la premió en el año internacional de la Paz. Fue elegida, en 1990, “Ciudadana Ilustre” de la Municipalidad de la Capital de San Juan y condecorada, en 1994, por el Diario la Razón. El Centro de Artistas Plásticos de San Juan la consagró, en el mismo año, “Benefactora del Arte”. Tres veces premiada, en 1997, 2001 y 2005, por ADEPA (Asociación de Entidades Periodísticas de la Argentina) y, en 1990, con el “Santa Clara de Asís”.

    La Dra. Rebecca Ann Bill de la Universidad de Stanford de California, Estados Unidos, contratada por FORES (Foro de Estudios sobre la Administración de Justicia de la República Argentina) consultó como fuente de de información un artículo periodístico de la Profesora Nélida Rebollo de Montes (argentina) titulado “La Suprema Corte de Justicia en la Presidencia de Mitre” y un libro del Dr. Harold J. Berman (estadounidense) de la Universidad de Cambridge y profesor emérito de la Universidad de Harvard. De ambos autores la Dra. Bill utilizó datos para su obra de investigación “Medición de la autonomía judicial. Juzgado Federal de primera instancia en lo penal de la República Argentina”.


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    Esta noticia fue publicada el Martes, agosto 4th, 2009 a las 14:44 bajo la sección Educación, Opinión. Puedes seguir cualquier respuesta a esta noticia mediante de RSS 2.0 feed. Puedes dejar una respuesta, o seguirla desde tu propio sitio.

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    1. 1 On agosto 5th, 2009, JUAN CARLOS SCHURIG TERRAF said:

      En mi casa me enseñaron bien.
      Cuando yo era un niño, en mi casa me enseñaron a honrar dos reglas sagradas:

      Regla N° 1: En esta casa las reglas no se discuten.
      Regla N° 2: En esta casa se debe respetar a papá y mamá.

      Y esta regla se cumplía en ese estricto orden. Una exigencia de mamá, que
      nadie discutía… Ni siquiera papá. Astuta la vieja, porque así nos mantenía
      A raya con la simple amenaza: “Ya van a ver cuando llegue papá”. Porque las
      mamás estaban en su casa. Porque todos los papás salían a trabajar… Porque
      había trabajo para todos los papás, y todos los papás volvían a su casa.

      No había que pagar rescate o ir a retirarlos a la morgue. El respeto por la
      Autoridad de papá (desde luego, otorgada y sostenida graciosamente por mi
      mamá) era razón suficiente para cumplir las reglas.

      Usted probablemente dirá que ya desde chiquito yo era un sometido, un
      cobarde conformista o, si prefiere, un pequeño fascista, pero acépteme
      esto: era muy aliviado saber que uno tenía reglas que respetar. Las reglas
      me contenían, me ordenaban y me protegían. Me contenían al darme un
      horizonte para que mi mirada no se perdiera en la nada, me protegían porque
      podía apoyarme en ellas dado que eran sólidas.. Y me ordenaban porque es
      bueno saber a qué atenerse. De lo contrario, uno tiene la sensación de
      abismo, abandono y ausencia.

      Las reglas a cumplir eran fáciles, claras, memorables y tan reales y
      consistentes como eran “lavarse las manos antes de sentarse a la mesa”
      o “escuchar cuando los mayores hablan”.

      Había otro detalle, las mismas personas que me imponían las reglas eran las
      mismas que las cumplían a rajatabla y se encargaban de que todos los de la
      casa las cumplieran. No había diferencias. Éramos todos iguales ante la
      Sagrada Ley Casera.

      Sin embargo, y no lo dude, muchas veces desafié “las reglas” mediante el
      sano y excitante proceso de la “travesura” que me permitía acercarme al
      borde del universo familiar y conocer exactamente los límites. Siempre era
      descubierto, denunciado y castigado apropiadamente..

      La travesura y el castigo pertenecían a un mismo sabio proceso que me
      permitía mantener intacta mi salud mental. No había culpables sin castigo y
      no había castigo sin culpables. No me diga, uno así vive en un mundo
      predecible..

      El castigo era una salida terapéutica y elegante para todos, pues alejaba el
      rencor y trasquilaba a los privilegios. Por lo tanto las travesuras no eran
      acumulativas. Tampoco existía el dos por uno. A tal travesura tal castigo.
      Nunca me amenazaron con algo que no estuvieran dispuestos y preparados a
      cumplir.

      Así fue en mi casa. Y así se suponía que era más allá de la esquina de mi
      casa. Pero no. Me enseñaron bien, pero estaba todo mal. Lenta y
      dolorosamente comprobé que más allá de la esquina de mi casa había
      “travesuras” sin “castigo”, y una enorme cantidad de “reglas” que no se
      cumplían, porque el que las cumple es simplemente un estúpido (o un boludo,
      si me lo permite).

      El mundo al cual me arrojaron sin anestesia estaba patas para arriba.
      Conocí algo que, desde mi ingenuidad adulta (sí, aún sigo siendo un
      ingenuo), nunca pude digerir, pero siempre me lo tengo que comer: “la
      impunidad”. ¿Quiere saber una cosa? En mi casa no había impunidad. En mi
      casa había justicia, justicia simple, clara, e inmediata. Pero también había
      piedad.

      Le explicaré: Justicia, porque “el que las hace las paga”. Piedad, porque
      uno cumplía la condena estipulada y era dispensado, y su dignidad quedaba
      intacta y en pie. Al rincón, por tanto tiempo, y listo… Y ni un minuto
      más, y ni un minuto menos. Por otra parte, uno tenía la convicción de que
      sería atrapado tarde o temprano, así que había que pensar muy bien antes de
      sacar los pies del plato.

      Las reglas eran claras. Los castigos eran claros. Así fue en mi casa.
      Y así creí que sería en la vida. Pero me equivoqué. Hoy debo reconocer que
      en mi casa de la infancia había algo que hacía la diferencia, y hacía que
      todo funcionara. En mi casa había una “Tercera Regla” no escrita y, como
      todas las reglas no escritas, tenía la fuerza de un precepto sagrado. Esta
      fue la regla de oro que presidía el comportamiento de mi casa:

      Regla N° 3: No sea insolente. Si rompió la regla, acéptelo, hágase
      responsable, y haga lo que necesita ser hecho para poner las cosas en su
      lugar.

      Ésta es la regla que fue demolida en la sociedad en la que vivo. Eso es lo
      que nos arruinó. LA INSOLENCIA. Usted puede romper una regla -es su riesgo-
      pero si alguien le llama la atención o es atrapado, no sea arrogante e
      insolente, tenga el coraje de aceptarlo y hacerse responsable. Pisar el
      césped, cruzar por la mitad de la cuadra, pasar semáforos en rojo, tirar
      papeles al piso, tratar de pisar a los peatones, todas son travesuras que se
      pueden enmendar… a no ser que uno viva en una sociedad plagada de
      insolentes. La insolencia de romper la regla, sentirse un vivo, e insultar,
      ultrajar y denigrar al que responsablemente intenta advertirle o hacerla
      respetar. Así no hay remedio.

      El mal de los Argentinos es la insolencia. La insolencia está compuesta de
      petulancia, descaro y desvergüenza. La insolencia hace un culto de cuatro
      principios:

      - Pretender saberlo todo
      - Tener razón hasta morir
      - No escuchar
      - Tú me importas, sólo si me sirves.

      La insolencia en mi país admite que la gente se muera de hambre y que los
      niños no tengan salud ni educación. La insolencia en mi país logra que los
      que no pueden trabajar cobren un subsidio proveniente de los impuestos que
      pagan los que sí pueden trabajar (muy justo), pero los que no pueden
      trabajar, al mismo tiempo cierran los caminos y no dejan trabajar a los que
      sí pueden trabajar para aportar con sus impuestos a aquéllos que,
      insolentemente, les impiden trabajar. Léalo otra vez, porque parece mentira.
      Así nos vamos a quedar sin trabajo todos.
      Porque a la insolencia no le importa, es pequeña, ignorante y arrogante.

      Bueno, y así están las cosas. Ah, me olvidaba, ¿Las reglas sagradas de mi
      casa serían las mismas que en la suya? Qué interesante. ¿Usted sabe que
      demasiada gente me ha dicho que ésas eran también las reglas en sus casas?
      Tanta gente me lo confirmó que llegué a la conclusión que somos una inmensa
      mayoría. Y entonces me pregunto, si somos tantos, ¿por qué nos acostumbramos
      tan fácilmente a los atropellos de los insolentes? Yo se lo voy a contestar.

      PORQUE ES MÁS CÓMODO, y uno se acostumbra a cualquier cosa, para no tener
      que hacerse responsable. Porque hacerse responsable es tomar un compromiso y
      comprometerse es aceptar el riesgo de ser rechazado, o criticado. Además,
      aunque somos una inmensa mayoría, no sirve para nada, ellos son pocos pero
      muy bien organizados. Sin embargo, yo quiero saber cuántos somos los que
      estamos dispuestos a respetar estas reglas.

      Le propongo que hagamos algo para identificarnos entre nosotros. No tire
      papeles en la calle. Si ve un papel tirado, levántelo y tírelo en un tacho
      de basura. Si no hay un tacho de basura, llévelo con usted hasta que lo
      encuentre. Si ve a alguien tirando un papel en la calle, simplemente
      levántelo usted y cumpla con la regla 1. No va a pasar mucho tiempo en que
      seamos varios para levantar un mismo papel.

      Si es peatón, cruce por donde corresponde y respete los semáforos, aunque no
      pase ningún vehículo, quédese parado y respete la regla.

      Si es un automovilista, respete los semáforos y respete los derechos del
      peatón. Si saca a pasear a su perro, levante los desperdicios.

      Todo esto parece muy tonto, pero no lo crea, es el único modo de comenzar a
      desprendernos de nuestra proverbial INSOLENCIA. Yo creo que la insolencia
      colectiva tiene un solo antídoto, la responsabilidad individual. Creo que la
      grandeza de una nación comienza por aprender a mantenerla limpia y ordenada.
      Si todos somos capaces de hacer esto, seremos capaces de hacer cualquier
      cosa.

      Porque hay que aprender a hacerlo todos los días. Ése es el desafío.
      Los insolentes tienen éxito porque son insolentes todos los días, todo el
      tiempo. Nuestro país está condenado: O aprende a cargar con la disciplina o
      cargará siempre con el arrepentimiento.

      ¿A USTED QUÉ LE PARECE? ¿PODREMOS RECONOCERNOS EN LA CALLE ?
      Espero no haber sido insolente. En ese caso, disculpe.

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