Continúa el cesarismo, aunque César perdió las elecciones. Por Sergio Crivelli
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Néstor Kirchner mantiene la iniciativa pol¡tica, aprovechando la mayor¡a que tiene en el Congreso hasta el 10 de diciembre y la pasividad opositora. Su £nico frente de riesgo es el económico.
Argentina no es sólo un caso único en materia económica, el caso de un país con condiciones casi ideales para convertirse en potencia mundial que está postrado en el más lamentable fracaso desde hace más de seis décadas. También está innovando en materia política. Hoy exhibe un ejemplo rarísimo de cesarismo sin César o con un César rechazado por el 70% de los electores, con la credibilidad maltrecha y, si esto no fuera suficiente, con un futuro difícil a causa del desgaste que le provocaron los últimos seis años de gobierno directo o indirecto, en los que tomó decisiones erróneas como la de confrontar con el campo.
De todas maneras, y a pesar de esos errores, Néstor Kirchner sigue siendo quien define las políticas centrales y fija la agenda, porque dispone del control de un poder institucional que controlará hasta el 10 de diciembre. Esto es posible, a su vez, por la ciega obediencia de un oficialismo complaciente y la tibieza opositora que apuesta a preservarse mientras el gobierno se desgasta (hipotéticamente) por efectos de la crisis global.
Esto permitió que los Kirchner encuentren el camino despejado de acechanzas políticas y avancen sin detenerse, algo que la opinión pública no esperaba tras su derrota electoral del 28 de junio. Durante la semana que acaba de concluir volvieron a desafiar a los productores agr¡colas vetando una ley que traía un poco de alivio a los que padecieron una durísima sequía en el sur de la provincia de Buenos Aires. A pesar de que la norma había obtenido el apoyo unánime en ambas Cámaras del Congreso, con la excusa de un `error’ del oficialismo fue observada parcialmente.
La presidenta y su esposo también pusieron en marcha una ley de medios de comunicación dirigida en particular contra un grupo empresario con el que están enfrentados, a pesar de las críticas generalizadas de la oposición y del periodismo a las que prestaron oidos de mercader.
¿Tienen posibilidades de ganar esa partida? En cuanto a la ley de medios, hasta los voceros de la oposición reconocen que el kirchnerismo puede sacar más votos que los obtenidos en el caso de la delegación legislativa.
Los medios son el adversario más poderoso que enfrenta al gobierno y a esta altura parece imposible `borocotear’ -como suele hacerse con algunos políticos- a los de mayor difusión. Constituyen por lo tanto uno de los pocos frenos que tiene el ejercicio del poder `al uso K’, lo que los pone en la línea de fuego.
Más allá del fondo de la cuestión -si la reforma de la legislación vigente es buena o mala-, lo central son dos cosas: la demostración de fuerza por parte de Kirchner y el mensaje para quien pretenda oponérsele. Ese mensaje dice claramente que embestir hasta el final contra sus enemigos; que nadie lo dé por terminado.
¿Qué hace la oposición, entretanto? Lo mismo desde el 28 de junio a medianoche: declaraciones y análisis político. Carlos Reutemann no controla a su única compañera de bloque que terminó reclutada por el kirchnerismo.
Mauricio Macri sigue tomando decisiones y deshaciéndolas (la última fue a propósito del comisario Palacios). Julio Cobosno abandona la vicepresidencia, por lo que tampoco está en condiciones de enfrentarse abiertamente con la Casa Rosada y a Felipe Solá no le da más que para vicepresidente.
Los gobernadores kirchneristas, en tanto, no se desmarcarán hasta que no cuenten con un líder de reemplazo. Así Kirchner tiene el camino despejado y se maneja a discreción.
¿Hasta cuándo podrá hacerlo? Hasta que cambie la relación de fuerzas en el Congreso, algo que no ocurrirá hasta el 1º de marzo si la presidenta no convoca a sesiones extraordinarias. Tampoco habrá novedades si no se produce una crisis financiera, fiscal o inflacionaria. Esos son los tres flancos más riesgosos que ofrece hoy la administración Kirchner, además de una eventual aceleración de la fuga de capitales.
Por eso la necesidad de un pronto entendimiento con el Fondo Monetario Internacional y del canje de bonos por más de 20 mil millones. Ambas medidas apuntan a cerrar el frente financiero inmediato. Si funcionan, el gobierno no tendrá que bajar el gasto público para evitar una crisis fiscal y podrá seguir gastando como hasta ahora. He aquí el cálculo de cortísimo plazo que alienta la actual ofensiva del gobierno. No hay nada pensado para después de diciembre.
Fuente: La Prensa
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publicado el septiembre 1st, 2009 a 0:40