26 septiembre 2009

Miedo de los docentes a los alumnos. Por Nélida Rebollo de Montes

Publicado en Educación, Opinión |
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  • Periodismo de Verdad: 26 de septiembre de 2009

    NELIDA REBOLLO MONTES   

    Es una temeridad no impedir drásticamente los abusos terroríficos con los que se maltrata a maestros y profesores quedando estos profesionales a merced de hordas o pandillas propias de la anarquía juvenil violenta y de padres extraviados.

     

     

     

    Por las terribles amenazas consumadas en su mayor parte por adolescentes y jóvenes contra maestros y profesores se constata que los que deben poner orden por la seguridad de todos han abandonado el timón dejando la decisión a los irresponsables de convertirse cada vez más en seres violentos. Estos aprovechan una libertad ilimitada para el agravio y la acción.

    Se han convertido en imitadores y pupilos de traficantes adultos. Esto lo saben todos y gran parte de ellos se conforman con creer que esos jóvenes están haciendo uso de sus derechos inclaudicables pero no piensan en lo que deben ser sus obligaciones fundamentales para sí mismo y para el mundo del que forman parte. Actualmente los que se arrogan el papel permisivo en todo lo que determinan y legislan son repetidores de “pedagogos” o portadores de otros títulos que defienden posiciones o seudo filosofías de descarriados que todo lo permiten en nombre de la rebeldía, de la juventud y sus derechos.

    Por ejemplo, la rebeldía no es una virtud pero sí es un elemento de disolución social ya que representa una negación caprichosa de todos los valores que hacen responsable al hombre futuro. Impera una mentalidad regresiva, perversamente primitiva como lo demuestran en el salvajismo de atacarse violentamente a la salida del colegio y sin motivos. Un caso concreto: Se ha llegado en las vías de hecho hasta cometer crímenes, tal el caso reciente de una joven de dieciocho años que atacó con un cuchillo a otra alumna de su mismo colegio, a la salida del establecimiento, introduciendo el elemento filoso en lugares vitales a la víctima de diecisiete años, ocasionándole la muerte.

    La lista de ataques entre pandillas de variado nivel económico, incluyendo a privilegiados con dinero y estudios que arremeten en conjunto contra otro joven, dejándolo moribundo en el suelo tras una continuada e impiadosa golpiza, que de no aparecer miembros de la fuerza del orden, hubieran terminado la faena criminal. Estos desgraciados episodios son provocados aún sin motivos, haciendo uso de una práctica que se ha vuelto común de marcar dentro de los boliches o cualquier otro establecimiento a quién o quienes van a sacrificar previa provocación.

    Es inaudito que entre jóvenes –de no mediar el consumo de alcohol y drogas-, puedan llegar a una situación realmente macabra. Pero la violencia por cualquier motivo arrasa hasta con los padres de alumnos. Hemos comentado en otras ocasiones la agresión de una madre a la maestra de su hijo en el aula del colegio al que concurre y ante la presencia de sus compañeritos, por haberle retirado la maestra una flauta con la que el niño interrumpía permanentemente la clase. Enterada la progenitora de la pequeña sanción no dudó en irrumpir en la clase, y derribar violentamente al suelo a la educadora arremetiendo con puntapié, preferentemente en la pelvis hasta dejarla examine. Esto sucedió en Buenos Aires hace unos meses dándosele gran difusión y con la repetida consulta a “especialistas” permisivos. 

    Es incomprensible la consabida perversidad consentida en repetidas opiniones de los consultados. Para nada figura la urgente sanción ejemplarizadora. De seguir así y con la reiteración cada vez más seguida de los casos citados  viviremos en un mundo inclemente y absolutamente desequilibrado. Por fin una reacción legal ejemplar: Hemos tomado cuenta que en España un padre que fue a atacar en el colegio de su hijo a un profesor, terminó golpeando a la directora. Para ese energúmeno padre la justicia ha pedido tres años de prisión.

    Otra práctica violenta y sin sentido es el denominado “catatán” que consiste en golpear al que cumple años. Esto se da en la propia escuela pero también en la celebración hogareña del agasajado. Cuando finaliza la reunión la despedida consiste en otro “catatán” donde cada uno de los invitados se ensaña con golpes contra el anfitrión a quien dejan maltrecho. ¿Esa es una forma de agradecer la invitación en la que gozan de variados comestibles y atenciones propicias para la gratitud y no para el ensañamiento?

    El contagio de una moda salvaje entre adolescentes y jóvenes es comparable a las hordas poseídas de un incontenible furor con frecuencia delictiva y canallesca,  en un campo de batalla insólito. El desequilibrio y la corrupción de estos tiempos están convirtiendo a la sociedad en que se desenvuelven los jóvenes en una sociedad anormal generadora de caos. La reacción de quienes deben educarlos y poner orden es tibia e inexistente y generadora de anarquía que terminará devorando a los que actúan con indiferencia culposa.  

    Los maestros y profesores resultan víctimas del maltrato y atropellos que han echado por tierra los dones de la sensibilidad para percibir la injusticia. Es una temeridad no impedir drásticamente los abusos terroríficos de escolares que someten a los docentes a sus bajos instintos, dejándolos a merced del desbarajuste consentido que puede convertirse en imparable hordas propias de la anarquía juvenil violenta. Los que tienen que tomar decisiones drásticas están cometiendo abandono de persona y otros delitos graves considerados, no solamente ilegales, antijurídicos y antisociales, sino también antinatural.

    Antes que sea demasiado tarde hay que enderezar a los alzadísimos jóvenes, inclinándolos al respeto y la bondad contra la soberbia destructora y la locura suicida de los que facilitan estas perversidades. Hay que sancionar a los culpables.

    Las autoridades del gobierno nacional están ausentes de este gravísimo problema, como lo está parte de la sociedad que deja que se prostituya el derecho a la defensa y a la vida. Se designan generalmente funcionarios en los ministerios de Educación, sólo por confianza política y no pedagógica y ética.

    El respeto debe ser un principio permanente en la vida y, en especial, en la vida escolar. La forma de comportarnos no puede ser contraria al respeto, la comprensión, la tolerancia como la necesidad de su extensión en todo el ámbito de la vida, en la escuela y fuera de ella.

    Se desprecia desde hace tiempo una filosofía de la vida que puede llevar hacia formas de libertad responsable; disciplina; comprensión de derechos y obligaciones en sus aspectos individuales y sociales.

    La escuela necesita colaboración y el docente necesita apoyo y respeto a su dignidad en lo profesional y en lo material. El maestro esclavo devuelve alumnos esclavos. Al docente que se le niega autoridad y sólo recibe un acoso insolente, es el que forma el carácter o la personalidad de sus alumnos simultáneamente con  los padres en el hogar.

    El aprendizaje como método escolar no es sólo un recurso para transmitir conocimientos sino un instrumento para aprender a vivir y a convivir a través de un proceso de formación que se convierta en hábito en la actividad vital que enseña que no solo se debe mirar el saber que se aprende sino también aprender a percibir y practicar con eficiencia humana lo relativo a una vida intelectual, moral y social.

    John Ruskin decía con sabiduría que “La educación no significa enseñar sólo a la gente lo que no saben”. Significa enseñarles a conducirse y orientar como ellos no lo hacen.

    La educación que imparten padres y docentes debe ser verdadera y profunda para que llegue al espíritu del educando, y no fuera de él. La educación tanto de los progenitores como de los educadores debe ayudar a una buena calidad de vida alivianando los programas para que haya tiempo de formar conductas y comportamientos.

    Se deja poco tiempo para el diálogo y la persuasión de lo que no debe hacerse. Lo impiden los programas frondosos en los que se incluye un torrente de datos y conocimientos en la creencia de que la erudición impuesta sin decantar los que se debe; y, se puede enseñar, contribuirá a la calidad humana sin pensar que sólo se logra el hastío, el stress y la pérdida de tiempo.

    Con tanta exigencia de temas innecesarios los alumnos saben cada vez menos de la vida misma, de la vida que viven y en la que han de vivir. Los autores de planes y programas de estudio no se plantean qué es lo que el niño es capaz de aprender.

    Ahora bien si la enseñanza docente no es realizada por personas libres de apremios económicos; si los docentes viven acosados por obligaciones extremas; si los docentes son recargados permanentemente de tareas que bien pueden obviarse; si no cuentan con respeto y consideración oficial, ni de los padres, ni de la sociedad, ni de los alumnos, la escuela peligra y la enseñanza también.

    Hay que dejar tiempo para aprender a enfrentar los conflictos del mundo moderno, y las fuerzas que lo impulsan: políticas, económicas, sociales y técnicas con nuevos principios de educación y con un firme ideal de cultura que favorezcan la formación personal, dándole predominio al espíritu sobre los demás poderes.

    La formación del hombre se haya sumamente afectada por influencias que detienen el desarrollo personal sustituyéndolo por las direcciones que impone la masa (gente que no piensa ni razona), el Estado estatista y el automatismo material e intelectual. 

    Hay que evitar que no desaparezcan los afectos en el alma humana. Hay que orientar en dirección a la formación de hombres libres, con espíritu abierto, comprensivo, capaz de ligarse a deberes y valores e integrarse a situaciones que enriquezcan el espíritu.

    Los poderes gubernamentales tienen que entender que no se puede enseñar la democracia en forma no democrática, es decir empleando formas de rigidez autoritaria o mediante el adoctrinamiento.

    Más que aumentar la cantidad de saber de dudoso valor, la educación para formar calidades humanas, personalidades normales, cuerdas y seguras de sí mismo necesita ejemplos que eleven como es el sentimiento de dignidad, el derecho a la verdad, a la laboriosidad y el rechazo viril a la corrupción. La educación sobre cuya base el alumno se convierte en un elemento de alta eficiencia en la vida social requiere decencia en la palabra y en los actos; comprensión; respeto; convivencia y amor a la vida.

     

    Nélida Rebollo de Montes, (columnista de Radio La Red en su Revista Plural) Profesora y periodista, distinguida con el Premio Benefactora de la Cultura. Ingresó en la Academia Provincial de la Historia con el trabajo titulado “Mujeres de mayo y prácticas electorales de 1816”. Con el voto unánime ingresó a la Sociedad Argentina de Escritores, institución que la distinguió con la “Pluma de Oro”, con la “Faja de Honor” y el “Gran Premio de Honor”. Autora del libro “Nuestro Tiempo y Nuestras Razones”, que incluye artículos de su profesión periodística, afrontando la difícil tarea del comentario instantáneo sobre los acontecimientos que se suceden diariamente. La gente valora en ellos el estudio relevante sobre el presente. El libro figura en las Universidades de Yale, de Columbia y en el catálogo online de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos de Norteamérica. Su Ensayo “Rosalía de Castro. Antonio de la Torre : dos testimonios de la pasión poética” fue incluido en la Biblioteca de la Universidad de Santiago de Compostela de España, en la Biblioteca Pública de Nueva York y en la Universidad Stony Brook de Nueva York de Estados Unidos de Norteamérica.

    Fue galardonada, en 1986, con el premio internacional “Honoris Causa”, otorgado por la Acción Católica Argentina con sede en Los Ángeles, Estados Unidos de Norteamérica. En el mismo año, la Comisión Interamericana de Mujeres de la Organización de Estados Americanos (OEA) la premió en el año internacional de la Paz. Fue elegida, en 1990, “Ciudadana Ilustre” de la Municipalidad de la Capital de San Juan y condecorada, en 1994, por el Diario la Razón. El Centro de Artistas Plásticos de San Juan la consagró, en el mismo año, “Benefactora del Arte”. Tres veces premiada, en 1997, 2001 y 2005, por ADEPA (Asociación de Entidades Periodísticas de la Argentina) y, en 1990, con el “Santa Clara de Asís”.

    La Dra. Rebecca Ann Bill de la Universidad de Stanford de California, Estados Unidos, contratada por FORES (Foro de Estudios sobre la Administración de Justicia de la República Argentina) consultó como fuente de de información un artículo periodístico de la Profesora Nélida Rebollo de Montes (argentina) titulado “La Suprema Corte de Justicia en la Presidencia de Mitre” y un libro del Dr. Harold J. Berman (estadounidense) de la Universidad de Cambridge y profesor emérito de la Universidad de Harvard. De ambos autores la Dra. Bill utilizó datos para su obra de investigación “Medición de la autonomía judicial. Juzgado Federal de primera instancia en lo penal de la República Argentina”.


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    Esta noticia fue publicada el Sábado, septiembre 26th, 2009 a las 20:46 bajo la sección Educación, Opinión. Puedes seguir cualquier respuesta a esta noticia mediante de RSS 2.0 feed. Puedes dejar una respuesta, o seguirla desde tu propio sitio.

    There is currently una respuesta to “Miedo de los docentes a los alumnos. Por Nélida Rebollo de Montes”

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    1. 1 On octubre 11th, 2009, Dr. juan schurig Terraf said:

      A pesar de todo y por suerte sigue habiendo docentes que piensan que :
      La más hermosa de las obras humanas… Consiste en …..: SER ÚTIL A LOS DEMÁS.

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