Los hijos de desocupados recibirán 180 pesos mensuales. Por Rafael Bulacio
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La Sra. Presidente anunció ayer una ayuda de 180 pesos mensuales por hijo menor de 18 años, a todos los desocupados y trabajadores que no estén registrados formalmente y que comenzará a cobrarse a partir del 1 de diciembre.
El costo fiscal del programa que se presentó como una “asignación universal para la protección social”, será de unos 10.000 millones de pesos anuales que serán aportados por el Anses. Cristina explicó al efectuar el anuncio, que la decisión tomada por Decreto de Necesidad y Urgencia, “constituye un paliativo para aquellos sectores que todavía no tienen la posibilidad de un trabajo decente”.
El programa, más allá de los reclamos y quejas de la oposición, va en el sentido correcto, dejarse de anuncios rimbombantes que no se cumplen, como el ya legendario “Tren Bala”, y ocuparse del país real, el país del hambre y la miseria. Porque mucho se habla y se discute en los más diversos foros sobre la situación de pobres e indigentes, pero en concreto no se aporta nada. El gobierno muestra de éste modo que es capaz de salir de una actitud autista y ocuparse de los temas que efectivamente angustian a la sociedad, como la pobreza, la marginalidad, la inseguridad, y la salud y educación pública deficientes.
La Iglesia, que viene demandando del Estado soluciones concretas, y que se ocupa de los pobres a través de sus organizaciones internas, solicitó se atienda a los sectores más vulnerables, a través de un subsidio universal que abarque a todos los menores sin distingos de cualquier naturaleza. El plan de la Iglesia recibió la adhesión de muchas organizaciones, entre ellas la de los partidos opositores; el anuncio de la Sra. Presidente, si bien no observa las características de universalidad que se venía solicitando, atiende la esencia del problema.
Puede objetarse la utilización de los recursos del Anses, fondos que son utilizados por el gobierno para cubrir una cantidad extraordinaria de déficits, algunos insólitos, como el de Aerolíneas Argentinas que pierde 9 millones de pesos diarios, algo inaceptable considerando que los salarios de muchos jubilados y pensionados no cubren el costo de la canasta familiar. Pero el gobierno, ante la urgencia de avanzar en un tema escabroso como el del hambre y la extrema pobreza, y salir al cruce de las fundadas críticas opositoras, acudió a los recursos que tenía más a mano. Es de esperar que se busquen otra fuente y se deje en paz al Anses para que su situación no se vea comprometida en un futuro cercano.
El hambre y la pobreza revisten ya el carácter de estructurales en la Argentina. Seguirá siendo un escándalo que solo se corregirá a través del desarrollo vigoroso de nuestra economía, algo factible en un país potencialmente muy rico. Solo hace falta que elijamos un gobierno futuro que no ponga palos en la rueda, que fomente la inversión, la producción y el trabajo. Algo que se ha dejado de lado sorprendentemente.
Y para concluir con la Reflexión de hoy, no podemos dejar de pensar en nuestro ilustre comprovinciano Juan B. Alberdi, cuando nos advierte una verdad, que por tan sabida, frecuentemente olvidamos: “Nuestro pueblo no carece de alimentos sino de educación y por eso tenemos pauperismo mental” …..“En realidad nuestro pueblo argentino se muere de hambre de instrucción, de sed de saber, de pobreza de conocimientos prácticos y de ignorancia en el arte de hacer bien las cosas”.
“Reflexiones sobre la Actualidad” análisis de Rafael Bulacio, irradiado por las ondas de Radio del Plata Tucumán, 93,9 Mhz; Millenium Tucumán, 97,7 Mhz; y Spika Tucumán, 89,1Mhz.

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