Reforma educativa en medio de prácticas políticas abominables. Por Nélida Rebollo de Montes
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La democracia más que una forma de gobierno es la esencia de los gobiernos republicanos, es el contenido moral de la República, constituido por la justicia y la libertad -opinaron los mentores de nuestra Constitución.
Dar a la política un contenido constitucional evita la adhesión incondicional al presidente líder.
Hablar de reforma escolar del ciclo secundario en un ambiente donde a diario se atropella indignamente la opinión ajena; donde predominan los modos groseros para acallar al que disiente y provocar la disgregación de la persona; donde se pierde el tiempo en hechos repugnantes como son el cúmulo de trapisondas destinadas a confundir y desprestigiar al discrepante o complicarle la vida en la función para la que se requiere probidad intelectual y equilibrio; es imposible lograr equilibrio y concentración para algo tan importante como es la educación en medio de una deliberada ferocidad y la extrema frialdad con la inseguridad que comete diariamente ataques a los hogares y en la calle para despojar a la gente de sus bienes y pertenencias; y, no obstante dar todo lo que piden, los delincuentes rematan la faena con varios tiros certeros contra las víctimas provocándoles la muerte.
Ante este panorama es urgente y necesario salvar la dignidad y la decencia de las próximas generaciones mediante una educación que anteponga a toda enseñanza una escuela más humana y una educación que neutralice el instinto bruto que se ensaña contra los jóvenes y éstos, paradójicamente, también andan a las puñaladas contra sus propios condiscípulos a la salida del colegio y el ataque sexual a sus compañeras de estudio, a lo que se debe incorporar el vicio del alcohol y de la droga.
En cuanto a la política, considerada como el saber humano que se ocupa de los problemas de la organización de la sociedad, del Estado, de sus órganos, de las relaciones del individuo con el Estado y de todos los aspectos doctrinarios y técnicos relativos al gobierno y a su funcionamiento, no se está cumpliendo con esa elevada función. Ahora presionan a gobernadores, intendentes, legisladores para que voten contra sus propias convicciones las leyes elaboradas a todo vapor antes de que cambie el Senado donde habrá mayoría de la oposición.
Manipulan con métodos deleznables, inclusive, dádivas para seducir a los que traicionan al pueblo, a su partido y a la responsabilidad del cargo que ocupan, como así también a la organización de la sociedad y del Estado democrático y los aspectos doctrinarios y técnicos relativos al gobierno.
¿Con esta inmoralidad qué nos espera?: la violación de la seguridad del pueblo; la continuidad de la corrupción en todas las direcciones; la anulación del ejercicio de derechos de los ciudadanos; el incumplimiento de los deberes por el gobierno; la negación de que el político pueda intervenir directamente en la acción desarrollada por sus partidos; el impedimento de vigilar al gobierno en su funcionamiento.
El oficialismo y los mercenarios han votado la anulación de la libertad de expresión para que los medios de comunicación estén censurados y no puedan decir la verdad y sólo dediquen la mayor parte del tiempo a la propaganda personal del gobierno y constituyan un exponente indecoroso de la adulación y la mentira; la exhibición personalista de los encaramados en los más altos puestos. Ésto y la prohibición que impondrán es abominable.
Esta caótica y desalentadora situación permite avizorar que si no se reacciona a tiempo vamos derecho a un totalitarismo como el cubano, el chavismo y tantos otros manejados por individuos que han perdido la noción de la realidad y cuya alienación puede llevar al desastre total como sucede en Venezuela.
No se trata de ser apocalíptica. Pero es fatal que una sociedad pueda pasar intempestivamente de un país democrático a un régimen totalitario. De ahí que haya que estar atentos al sentir y la finalidad de los que impulsan los contenidos de estudio y a la intromisión del gobierno en los contenidos de los medios de información. Hay que dar a la juventud la conciencia de que el país representa una unidad histórica, económica, política y moral que se debe afianzar.
Es necesario que los planes de estudio y el espíritu de enseñanza se proponga difundir la cultura general como lo reclaman las instituciones democráticas. Se impone preparar cuidadosamente el alcance y finalidad de la enseñanza secundaria para que cultive todo el entendimiento de los alumnos y abra el espíritu a todas las perspectivas que le descubran nuevos y loables horizontes ejercitando la observación y fomentando la sagacidad en la experiencia para aprender de ella.
El contenido de las materias de estudio no debe dejar al azar el análisis de los problemas didácticos y disciplinarios. Debiéramos volver a la inteligente creación de hábitos adecuados al fortalecimiento de la voluntad; a los hábitos de ilustrar la conciencia moral. La escuela puede influir mucho en la educación moral. Una pléyade de hombres ilustres en otros tiempos tomaron la dirección del gobierno dando prestigio nacional e internacional a nuestro país. Ahora sólo se piensa en una dudosa política pedagógica.
También se impone sanear el ambiente familiar y el de la calle que influyen poderosamente en la conducta de los más jóvenes. A pesar de todo lo negativo que nos rodea hay que seguir reviviendo cada día el compromiso de crear un ambiente de alegría aún en la pobreza para que penetre en el corazón de los educadores y de los alumnos. Hay que aprovechar toda ocasión para dulcificar y serenar todo motivo de tristeza o de ira.
Estamos viviendo épocas de violencia como si quisieran desterrar el amor, la camarería impregnada de justicia, el afecto entre las personas, el respeto y la confianza entre los que educan. También debemos reconocer que todo conspira para que se vaya perdiendo en la escuela los hábitos morales; de laboriosidad, de cooperación, de orden, de compañerismo y hasta el sentimiento de mutua estimación y amistad.
A pesar de las decepciones recordemos que todavía queda, aunque en forma reducida, lugares donde se practica y se enseña a honrar a los padres; a respetar la vida y las pertenencias del prójimo. En una palabra, hay que proponerse derrotar la crisis, sin precedentes, que está viviendo nuestro país por culpa, principalmente, de quienes detentan el poder y por la pasividad de muchos que no quieren ver ni creer lo que pasa. ¿Despertarán cuando ya no haga falta porque han sido reducidos a la peor de las esclavitudes, que es haber perdido la libertad?
Nélida Rebollo de Montes Columnista de Radio La Red en su columna Plural, Profesora y periodista, distinguida con el Premio Benefactora de la Cultura. Ingresó en la Academia Provincial de la Historia con el trabajo titulado “Mujeres de mayo y prácticas electorales de 1816”. Con el voto unánime ingresó a la Sociedad Argentina de Escritores, institución que la distinguió con la “Pluma de Oro”, con la “Faja de Honor” y el “Gran Premio de Honor”. Autora del libro “Nuestro Tiempo y Nuestras Razones”, que incluye artículos de su profesión periodística, afrontando la difícil tarea del comentario instantáneo sobre los acontecimientos que se suceden diariamente. La gente valora en ellos el estudio relevante sobre el presente. El libro figura en las Universidades de Yale, de Columbia y en el catálogo online de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos de Norteamérica. Su Ensayo “Rosalía de Castro. Antonio de la Torre : dos testimonios de la pasión poética” fue incluido en la Biblioteca de la Universidad de Santiago de Compostela de España, en la Biblioteca Pública de Nueva York y en la Universidad Stony Brook de Nueva York de Estados Unidos de Norteamérica.
Fue galardonada, en 1986, con el premio internacional “Honoris Causa”, otorgado por la Acción Católica Argentina con sede en Los Ángeles, Estados Unidos de Norteamérica. En el mismo año, la Comisión Interamericana de Mujeres de la Organización de Estados Americanos (OEA) la premió en el año internacional de la Paz. Fue elegida, en 1990, “Ciudadana Ilustre” de la Municipalidad de la Capital de San Juan y condecorada, en 1994, por el Diario la Razón. El Centro de Artistas Plásticos de San Juan la consagró, en el mismo año, “Benefactora del Arte”. Tres veces premiada, en 1997, 2001 y 2005, por ADEPA (Asociación de Entidades Periodísticas de la Argentina) y, en 1990, con el “Santa Clara de Asís”.
La Dra. Rebecca Ann Bill de la Universidad de Stanford de California, Estados Unidos, contratada por FORES (Foro de Estudios sobre la Administración de Justicia de la República Argentina) consultó como fuente de de información un artículo periodístico de la Profesora Nélida Rebollo de Montes (argentina) titulado “La Suprema Corte de Justicia en la Presidencia de Mitre” y un libro del Dr. Harold J. Berman (estadounidense) de la Universidad de Cambridge y profesor emérito de la Universidad de Harvard. De ambos autores la Dra. Bill utilizó datos para su obra de investigación “Medición de la autonomía judicial. Juzgado Federal de primera instancia en lo penal de la República Argentina”.

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