Negro presagio para José. Por Rubén Rodó
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No todo será lo mismo para los Kirchner, cuando el Congreso cambie su piel el 10 de diciembre próximo. Los sucesos políticos, al impulso del matrimonio patagónico, comenzaron a precipitarse aceleradamente, ante la inminencia del relevo de las dos cámaras, donde sacó las leyes que quiso con la anuencia de la oposición. La última, en la última sesión: la reforma política con media sanción de Diputados da pasaporte a Kirchner para maniobrar dentro del PJ su candidatura para 2011, o la de su mujer.
En 21 días exactos, el kirchnerismo quedará en minoría en el Congreso, y se verá obligada a trenzar con otras fuerzas para poder sesionar. Por la presidencia de Diputados, se desató una pelea salvaje. Un sector opositor la quiere para sí, porque el derrotado fue Kirchner. En tanto, la UCR y Lilita Carrió se inclinan por respetar la tradición histórica, entregándola al kirchnerismo por ser la primera minoría. Respetan lo que Kirchner no respeta. Timonear la Cámara baja es fundamental. Ahí, se cuecen los asuntos a tratar y su distribución a las distintas comisiones. Controla la agenda. Es una trifulca irresuelta aún, lo mismo que la integración de las comisiones internas. La oposición se puso firme y reclama el 60% del total; el oficialismo no afloja. Los por venir son días decisivos.
Mucho se habla últimamente de él. Su nombre comenzó sonar en la prensa de Buenos Aires. Preguntémonos, ¿qué posibilidades reales tiene de ser acompañante de Kirchner (o de su cónyuge) en la fórmula presidencial de 2011? Lo peor que pudiera ocurrirle a Alperovich, es que el cruceño, en su obsesión de diván por volver a la Casa Rosada, lo lleve de partenaire. Sería el abrazo del oso. Antes que un halago, que el dúo presidencial no lo dispensa a cualquiera, sino a sus incondicionales, es como dar al náufrago un salvavidas de plomo cuando está ahogándose. Jorge Asís asegura que el nominado a vice será Alperovich porque es “el último radical Kash que queda”. Para el jefe del Sanedrín aldeano es el camino al Gólgota con la inevitable cruxificción. Está convencido que el ciclo oficialista llega a su fin, y así lo desliza a sus íntimos, aunque jamás lo dirá en público. Por ser un rehén K, quiere pero no puede arrimarse a otro palenque del arco peronista opositor, como es su deseo íntimo, porque dispone de un paquete de votos (podado últimamente), que tienta a cualquier candidato al sillón de Rivadavia. Y lo canjeará al mejor postor por la sujeción del poder en sus manos. Kirchner lo mantiene con las riendas cortas y registra hasta sus movidas imperceptibles con un sismógrafo. Lo colgará del patíbulo -como ya les ocurrió a otros mandatarios, Schiaretti, Das Neves, el catamarqueño Brizuela del Moral, la fueguina Fabiana Ríos (ex ARI)- si quiere sacar los pies del plato. Conmigo o sinmigo, es la sentencia a muerte del patagón, como hubiera dicho Herminio Iglesias, el difunto caudillo peronista de Avellaneda.
Si ahora no abandona el buque es porque necesita de los doblones del poder para atravesar el desierto con dos años largos de gestión por delante, con una economía que ya no es la de la era dorada del kirchnerismo, cuando la plata fluía de los mercados asiáticos como una lluvia generosa sobre el país por la venta de la soja -yuyo para Cristina- y otros productos primarios. En su fuero íntimo, Alperovich aspira a continuar sentado donde está cómodo, aunque no deja de tirar líneas a los resucitados popes del PJ. Para él sería una frustración no acceder a su tercer mandato consecutivo, después de todo lo que hizo -y hará- por quedarse atornillado al sillón de Lucas Córdoba. Pero el acceso a la recontra reelección no es un acto volitivo de él, sino decisión de la Corte Suprema, que resolverá el entuerto a su hora, cuando haya llamado a elecciones y su candidatura esté firme. Si se quedara sin el pan y sin la torta -derrotado en las presidenciales y sin la tercera gobernación- puede asumir su banca en el Senado, al renunciar Sergio Mansilla que le cuida la poltrona hasta que se defina la situación del patrón. Sin embargo, se tienta, alentado por sus íntimos, a jugar en las grandes ligas. Sueña despierto, pero por ahora hace la plancha y otea el horizonte.
Los tiempos electorales le son favorables por sus incoincidencias. Las elecciones provinciales y las de la Nación, no son simultáneas. Dos meses antes de concluir su mandato -28 de octubre/11- debe llamar a comicios para relevo del poder. En tanto, la consulta nacional debe hacerse 60 días previos al 10 de diciembre/11. Si fuera el acompañante de la fórmula, la campaña se lanzaría con mucha anticipación, teniendo en cuenta que el matrimonio reinante debe remontar una imagen negativa del 70%, cualquiera fuera la encuesta que se consultare. La intención de voto a cualquiera de ellos, hoy, no va más allá del 30%, con suerte. En la segunda vuelta, como le hubiera ocurrido a Menem con Kirchner, él o ella pueden ser demolidos.
La sociedad le dio la espalda a los Kirchner agobiada por el maltrato, la desconsideración, la soberbia, la intolerancia, la falta de respeto por el otro, el autoritarismo, el cambio permanente de las reglas de juego, el atropello y el patoterismo callejero. No es negocio para Alperovich correr el albur del pingüino/a, porque se queda sin la posibilidad de sucederse a sí mismo, si la Justicia no autoriza su nueva aventura, claro, lo que no está definido. Su destino quedó a merced de la Cámara Contenciosa Administrativa, Sala III, con la palabra definitiva del alto tribunal. Problemas no menores derivan si fuera el número 2 de la fórmula. Le generaría, además, la disyuntiva de la sucesión.
¿Quién? ¿Su esposa, Juan Manzur, Osvaldo Jaldo, Domingo Amaya? De todos ellos, se inclinaría por el actual ministro de Salud Pública de la Nación, marginando a su cónyuge, porque sabe que el género quedó chamuscado con la gestión de Cristina K y la injerencia de su marido, que es el Presidente paralelo. La comunidad vería una copia clonada. Manzur demostró obediencia y sumisión incondicionales cuando presidió la Constituyente y luego el Parlamento provincial. Sobre el manejo político tiene la misma ductilidad que un mamut en una cristalería. Fuera Manzur o la señora Betty, como la llaman sus súbditos, sería, de movida, una ventaja electoral para la oposición que sueña con desbancar al cacique tránsfuga, en tanto aúne en un puño las fuerzas hoy dispersas. Alejado del terruño por la senaduría, si la asume, el zar se desinflará políticamente en un años clave como 2010/11. No es lo mismo el original que la copia.
El volumen de votos de Tucumán apenas representa el 3% del padrón nacional. Y todo el Noroeste argentino, sumado y amontonado, no alcanza a superar los sufragios que aportan el segundo y tercer cordón del Gran Buenos. Por ello, se barrunta que lo más probable sea un bonaerense el favorito. ¿Alberti Balestrini, acaso, el barón nº 1 del conurbano? Scioli quedó en la estacada después de arder como un bonzo por su nominación testimonial. Sin embargo, de formalizarse la oferta al gobernador -lo que no es seguro- habría que imponer su nombre en el territorio nacional, donde en grandes áreas es don nadie. Así como los actores sufren el pánico escénico, Alperovich tiene terror de hablar en público. Es un mal orador con serias dificultades para hilvanar un manojo de conceptos. Carece de la fluidez de palabra de los políticos de raza. Su nerviosismo lo traiciona y vuelve balbuceante, disperso y repetitivo su discurso, a lo que hay que sumar su pésima dicción por tragarse las eses. La crueldad de los primeros planos de la televisión denuncia esas falencias de político sin fogueo y sin formación.
También quedaría a la luz su gestión autoritaria de césar de aldea, con graves hechos sospechados de corrupción, que nunca la Justicia investigó, por miedo a despertar al león. La oposición, sin piedad, se lo refregará en sus narices, si es el copiloto del pingüino/a. El encuestólogo Hugo Haime, echado por Alperovich por sus equivocadas profecías en las elecciones de Junio-28, consultado sobre la posibilidad de su ex patrón, exageró, evidentemente, cuando afirmó que “es uno de los mejores gobernadores de la Argentina”. Lo arropó de alabanzas, acaso porque busca recuperar el conchabo perdido. El más sensato fue Rosendo Fraga. Para éste la postulación es poco probable. Es una movida de corto plazo -dijo- con un Kirchner que electoralmente “hoy, más resta que suma”.
El Tribunal de Cuentas (TC) ¡albricias!, después de una somnolencia larga y de no ver gruesas irregularidades en la gestión de Alperovich (y hasta apañarlas), se despertó. Acaba de detectar, en el Instituto de Previsión y Seguridad Social, como denunció públicamente, medicamentos con fecha vencida destinados al tratamiento de enfermos oncológicos y diabéticos. Ese hallazgo, registrado en el acuerdo 3.237, es gravísimo, pues compromete seriamente a la ministro de Acción Social, Beatriz Mirkin, en primer término, como al de Salud Pública, Pablo Yedlin, y al propio gobernador por los lonjazos directos derivados del suceso. Desnuda la irresponsabilidad de quienes están obligados a cuidar la salud de la gente, sobre la de los pobres. El ente de contralor encontró en góndolas del Centro de Calidad de Vida, Promoción y Prevención de la Salud, un stock de remedios con fecha vencida, que no se distribuyó a los enfermos en su momento. El TC va mucho más allá en su comprobación. Señala, lapidario, que “no existe un listado actualizado de pacientes que permita efectuar un seguimiento de las personas”. Y le yapa lo más pesado: “se verificó la existencia de remedios vencidos tanto en góndolas como en las heladeras”, con la existencia de “cajas con una importante cantidad de medicamentos vencidos y otras con la leyenda de decomisados por haber perdido la cadena de frío”.
No es la primera vez que ocurre un hecho de esta naturaleza. Ya se denunció, tiempo atrás, la existencia de polenta podrida, que terminó cedida a un particular, para alimentar cerdos, en vez de repartirla entre indigentes y pobres que se cuenta por cientos de miles en Tucumán. El hecho levantó mucha polvareda, fue echado un funcionario de rango, pero, al final, todo quedó en la nada. La Justicia, como siempre, no investigó, y el funcionario sancionado -amigo personal del gobernador- fue repuesto después en la administración.
Por sacarse el lazo al cuello, el gobernador y los ministros enredados podrán decir que no es de su responsabilidad, porque se trata de un organismo autárquico. Endeble y falaz argumentación. El Instituto intervenido y como tal está bajo su directa sujeción desde la asunción de Alperovich -seis años atrás-, a pesar de los múltiples pedidos de que se levante esa medida. ¿Se llegó a repartir los medicamentos falsificados?, es la pregunta del millón. Debe investigarse a fondo, para identificar a los responsables con el castigo correspondiente. Sólo la irresponsabilidad, pueden explicar que se dé esta extrema situación donde están en juego vidas humanas.
En la denuncia que por cuerda aparte hizo el legislador Renzo Cirnigliaro (laborismo), llegó a determinar que entre los medicamentos que se repartían, figuraban un jarabe contra la bronquitis y un fármaco para tratar la diabetes con fechas vencidas. Ante la grave verificación del TC, ningún fiscal se animó a abrir una investigación de oficio, por miedo al mandamás. No puede quedar impune como el caso de la polenta podrida con una pesquisa que avanza para atrás.
Ex Secretario de Redacción de “La Gaceta”
Fuente: “el periódico” de Tucumán

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