LA REGRESION DE TUCUMAN Y EL NOROESTE ARGENTINO – Segunda Parte. Por Eduardo J. Poliche
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En la primera entrega del presente trabajo se analizaron de una manera global las variables que demostraron la poca eficiencia con que desempeñó sus tareas el sistema económico tucumano, ahora se adentrarán hacia algunos sectores de la economía social, de la economía productiva y de funcionamiento del sector público provincial que permitieron llegar a los resultados adelantados.
Comenzando por el sector financiero en lo que tenía que ver con las cajas de créditos cooperativas, banca oficial y pública de origen local se puede expresar lo siguiente: A fines de la década de los años 60 había en San Miguel de Tucumán – Gran Tucumán, Tafí Viejo unas 16 Cajas de Créditos Cooperativas y en el resto de la provincia, sobre todo en las llamadas ciudades de El Provincial, otras 8 para hacer un total de 24 instituciones de este tipo. Algunas de esta cooperativas tenían historias de vieja data como el Crédito Popular del Norte compuesto en su mayor parte por miembros de la comunidad israelita pero sin que miembros de otras comunidades vieran coartadas sus posibilidades de asociación.
Otras como la Financiera Empresaria Tucumana Cooperativa Limitada i, prohijada por la Federación Económica de Tucumán, si bien no exhibían tanto pasado , mostraban un singular dinamismo de crecimiento que la distinguía de las colegas del medio. En el segundo quinquenio de la década de los años 70 e impulsadas por disposiciones rigurosas del régimen militar que en economía seguía los lineamientos neo liberales, hubo una transformación generalizada en bancos cooperativos para lo cual tejieron asociaciones, fusiones entre dos o mas de ellas.
Los resultados fueron la constitución de unos 6 bancos en el Gran San Miguel – Tafi Viejo y otros dos en la línea de El Provincial. Al final de la serie, año 2006 no existía ninguno de ellos y las únicas cooperativas vivientes son las que se agruparon en el Banco Credicoop Ltado, el único banco cooperativo que se mantienen vivo y vigoroso al final de este proceso en todo el país. No para ahí la cosa una sociedad anónima bancaria, el Banco Comercial de Tucumán, nacido allá por 1912, luego Banco Comercial del Norte que tuviera una notable expansión regional, luego nacional, también sucumbió al no responder a los requerimientos de la legislación y del Banco Central en sus disposiciones técnicas al respecto.
El Banco de la Provincia de Tucumán y el Banco Municipal de Tucumán también desaparecieron rodeados de una aureola de corrupción generalizada dentro de sus respectivas gestiones. De esa manera Tucumán quedó sin ninguna institución bancaria nacida en el seno de su comunidad, la última que desapareció fue el Banco Empresario Cooperativo Ltado. En la presente década del siglo XXI.
Ante estos desalentadores resultados cabe la pregunta: Porque fue así ? . . . realmente cuesta trabajo encontrar una respuesta adecuada a no ser que las respectivas dirigencias, tanto para los bancos cooperativos como para la sociedad anónima no pudieron o no supieron prever situaciones desfavorables que las condujeron a su desaparición. Pareciera que estas dirigencias no supieron estar a la altura de las circunstancias . . .
En el sector azucarero cuando se sancionó el régimen de depósito y maquila en Junio del año 1985, para que efectivamente cierren las operaciones que de el partían, hacía falta una centralización del mayor volumen posible en la oferta de los azúcares de cañeros, a los efectos que estos ejercieran un efectivo poder de negociación que les hiciera tener una presencia significativa en los mercados comercializadores del producto. Fracasada la iniciativa de constituir por ley provincial una entidad pública no estatal, desde la Secretaría de Desarrollo Regional a cargo de quien escribe, se impulso la creación de cooperativas que ejercieran las funciones requeridas. Hasta el año 1986 había inscriptas unas 51 cooperativas de primer, segundo y hasta de tercer grado, después hasta el año 1988 se inscribieron 14 mas para completar una ronda de unas 65 cooperativas, varias de ellas absolutamente marginales impulsadas mas que en generar poder de negociación, en “que no sean otros los que manejen los azúcares de pequeños cañeros minifundistas”.
En un recuento realizado en el último mes se verifica que han desaparecido entre un 71 y un 75 % del total de las cooperativas inscriptas. El Presidente del Centro Azucarero Regional de Tucumán ha expresada su queja en estos últimos tiempos por la excesiva dispersión y atomización en la oferta de los azúcares de cañeros que perturba un normal funcionamiento de los mercados deteriorándolos. Se verifica de esta manera que las dirigencias cañeras hacen exactamente al revés de lo que significa defender por sí sus intereses.
Tal vez una explicación convincente sea que esas dirigencias habituadas a las severas regulaciones establecidas por la ley 19597 y anteriores, que consagraba la participación del “Estado Bobo” En los cuales todas las obligaciones derivadas de las citadas leyes eran a su cargo y los derechos eran a favor de cañeros e industriales que fue creando una atmosfera de hedonismo al cual se plegaron entusiastamente lo que contrasta con los esfuerzas a realizar cuando se trata de defender los interese por sí.
Es asombrosa la similitud de los planteos de las dirigencias cañeras en los últimos treinta y cinco años, todo se reduce en pedir al estado a que obligue al sector industrial a realizar determinadas acciones, tenga basamento jurídico o no. Esto ha quedado demostrado también en que mientras en 1989 según una estratificación dada a conocer por la ex Dirección Nacional de Azúcar había unos 14940 cañeros entre minifundistas, pymes y grandes y existían dos entidades representativas de los mismos UCIT y CACTU. Hoy no se sabe con precisión cuantos cañeros existen pero fuentes confiables permiten estimar un 50 % para abajo de los de 1989 y sin embargo las entidades representativas son cuatro, a las anteriores se agregaron la Unión de Cañeros del Sur y la Unión de Cañeros del Este, algunas luchan por superar la situación de ser un simple sello de goma.
Pero no terminan aquí las peripecias del mundo azucarero, en la década de los años 80 y por efectos del sistema de depósito y maquila, los ingenios se encontraron con que les era mas dificultoso financiarse debiéndole a los cañeros y con pocas posibilidades de acceder a créditos bancarios debido a malas situaciones patrimoniales, económico financieras. De esa manera comenzaron a desfilar en los ambientes tribunalicios en búsqueda de soluciones a sus afligentes situaciónes a través de juicios de concursos o de quiebras. Los 16 ingenios emprendieron ese camino y uno quedó definitivamente en el camino el San Pablo en la década de los años 90; los restantes, los jueces buscaron de encontrar soluciones a través de arriendos que en la mayoría de los casos dieron resultados desastrosos ya que los arrendatarios por lo general no ofrecían suficiente capital de riesgo para accionar los mismos ni tampoco niveles de management que les asegurara una gestión cercana a lo normal.
Unos quince años duró este proceso hasta que se fue consolidando una cartelización donde cinco grupos económicos son propietarios de doce ingenios con capacidad de producir el 83 % del azúcar en Tucumán. Dos de esos grupos son anteriores a la crisis, los restantes como resultantes de l misma; dos grupos son propietarios de tres ingenios cada uno y los otros tres de dos ingenios cada uno; Un grupo, el mayor productor de azúcar de Argentina, es propiedad de inversores norteamericanos, los restantes de origen tucumano. En las pulseadas que se producen entre los concentrados propietarios de ingenios y los dispersos grupos de cañeros, no se necesita ser muy sagaz para adivinar quien triunfará.

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