Visita al Vaticano
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Carta al Director del señor Alejandro Olmedo Zumarán
Señor Director:
La mujer que se dice presidenta de la Argentina, pero que en realidad pareciera que no lo es, visitó al Papa Benedicto XVI en el Vaticano junto a su par chilena Michelle Bachellet para conmemorar el vigésimo quinto aniversario del Tratado de Paz con Chile firmado por ambos países junto a Juan Pablo II y que evitó una guerra entre los mismos.
En una muestra más de lo que es el mal gusto, la elección equivocada del vestuario ni hablar de la comitiva que la acompañó encabezada por un ex-terrorista fue una cabal afirmación de que nada les inspira respeto ni les provoca vergüenza.
En un momento de la ceremonia se acercó a la Presidenta argentina un sacerdote para seguramente advertirle algún error cometido por ella y en seguida fiel al estilo cache que todos los argentinos padecemos y conocemos la Presidenta levantó su índice manifestando seguramente una pavada de las tantas que dice a diario y tan frecuentes en ella.
Tampoco crean que la Presidenta chilena es un canto a la distinción pero goza de cualidades como la prudencia entonces cuando uno es prudente se equivoca menos. Su vestimenta se percibió sobria y lejos de los lujos, pompas y detalles cargados de ordinariez de la presidenta argentina. Pero cuando fueron invitados a rezar el Padre Nuestro oración que conoce cualquier ser humano sea católico, ateo, agnóstico, no creyente o de cualquier religión la Presidenta Chilena no abrió la boca, o sea no rezó. Grave error en la gente responsable del protocolo del país trasandino. Aunque no sea creyente, por respeto debiera haber rezado, no hubiera cometido ninguna traición a sus creencias y pensamientos sino que su figura se hubiese agigantado y engrandecido, la tolerancia, amplitud y pluralidad son cualidades de los demócratas.
Mientras la Presidenta argentina rezaba gesticulando como un vendedor de biromes en el colectivo.
Luego cuando se sentó frente a su santidad por muy poco no le tocó la nariz a Su Santidad con sus labios plenos de botos que sobresalían del tul o velo que lucía al estilo “Chatita” el gran personaje de Nin Marshal.
En fin un grotesco más de esta Argentina que mostró al mundo sus dirigentes en una comitiva tan patética como pobre.
Alejandro Olmedo Zumarán.
olmedozumaran@hotmail.com
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