Un juicio que no conformó. Por Luz García Hamilton
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Anoche terminó en Tucumán un juicio oral y público muy esperado por los tucumanos. No se trató de un crimen de lesa humanidad y por eso quizás careció de espectacularidad, pero fue un hecho aberrante del cual nada nuevo se sabe luego de 13 agobiantes jornadas en una sala minúscula para el interés que despertó el caso y donde la sensación generalizada, especialmente ayer, en la jornada final, fue de desencanto y profundo mal humor.
Desde “Periodismo de Verdad” no vamos a emitir juicio sobre la sentencia porque realmente no nos corresponde, pero si nos haremos eco de la desilusión de todos los presentes que luego de más de 9 horas de tensa espera en la que se tejían diversas versiones mientras esperábamos agobiados por el calor y el cansancio la decisión del Tribunal que evidentemente no llegaba a un acuerdo y que como por ahí se filtraba, discutía acaloradamente a puertas cerradas.
Este juicio que arrancó hace un par de semanas despertó el interés de los tucumanos que todavía se preguntan dónde está el cuerpo de Betty Argañaraz, la docente desaparecida cuando se dirigía a su trabajo el día en que iba a asumir como directora del Colegio Padre Roque Correa en donde trabajaba. Nunca más se supo de ella y las acusadas, dos ex novicias que convivían en un departamento, hicieron un pacto de silencio que jamás se rompió aún cuando Betty desapareció y fue asesinada, hace ya más de tres años. Por lo tanto los familiares de Betty, que tenían la esperanza de saber qué pasó con ella, quedaron desconsolados al no escuchar nada nuevo en las 13 jornadas que duró el juicio.
Al margen del fallo (que se conocerá el 10 de febrero), debemos decir que la actuación del Fiscal de Cámara Edmundo Botto desconcertó. Arrancó pareciendo convencido de que la investigación de la Fiscal Adriana Gianonni había sido excelente, y a medida que pasaban los días su actitud iba “ablandándose” y hasta daba la impresión de que no conocía en profundidad la causa según testimonios de los presentes. En general el público no quedó conforme con éste y apoyó a la Fiscal Gianonni que además debió soportar todo tipo de insultos y acusaciones de la defensa de las acusadas.
Tampoco gustó la permanente sonrisa de la defensora del imputado Luis Fernández, Doctora Carolina Epelbaum – sólo justificada ayer cuando su defendido recuperó la libertad demostrando que su estrategia de defensa había sido un éxito – pero a lo largo de las diferentes jornadas ella sonreía, aún cuando los testigos comentaban detalles espeluznantes.
El defensor de las acusadas, Nélida Fernández y Susana Acosta, Gustavo Morales, abogado penalista muy conocido por su dureza y que maneja el discurso oral y gestual sin problemas, salió también desconforme ayer luego de una jornada en la que se lo vio más nervioso que de costumbre. Es evidente que la estrategia del pacto de silencio usado por las condenadas, esta vez no funcionó.
La sala resultó demasiada chica e incómoda para el interés despertado en esta causa, que junto al asesinato brutal de Paulina Lebbos acapararon el interés y la indignación de los tucumanos. El calor de diciembre se sentía allí adentro en donde el aire parecía cargarse más con las tensiones entre unos y otros y el día de ayer realmente fue agobiante, por el clima pero también por el descontento.
El Tribunal otorgó la libertad a Luis Fernández quien sin embargo dijo que “no tenía nada para festejar” porque los dos años que pasó preso habían sido “durísimos e injustos” y condenó a las dos imputadas a 20 años de prisión. Ni ellas, ni los familiares de Betty quedaron conformes y la audiencia terminó como se preveía, a los insultos y puñetazos entre unos y otros mientras la policía intentaba despejar la sala.
Con gusto amargo nos retiramos todos. El día resultó agotador. A las 10.15 de la mañana habían pasado a un cuarto intermedio para emitir sentencia y las 9 horas de espera fueron haciendo estragos en la fuerza y en la paciencia de todos.
Más allá de la decisión final de los Jueces queda la sensación de que no se logró saber la verdad de los hechos, que hay detalles que no se conocerán jamás y que por lo tanto ningún tucumano de los miles que se involucraron en éste hecho doloroso, ni mucho menos los familiares de la docente, tendrán paz.
Luz García Hamilton

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