Las “recetas” del progreso. Por Cástor López Ramos
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Hace décadas que en el mundo moderno se están desarrollando continuos procesos de búsquedas de consensos básicos acerca de los fundamentos pre-ideológicos, que posibilitan un mejor desempeño económico y social de los países. A esos procesos los conforman la elaboración de nuevos marcos teóricos del llamado “progreso”. Pero, siempre sustentados en las evidencias empíricas observadas acerca de que hicieron y que hacen las naciones que prosperan y que aquellas que no avanzan.
De una manera genérica, se podría decir que se esta concluyendo que los 2 grandes “ingredientes” del progreso consisten en acumular y “mezclar”, mayores y mejores dotaciones del “capital humano”, de allí la importancia de la eficiencia de los sistemas de salud y educación, con consistentes disponibilidades del “capital físico”: la infraestructura material y la tecnología aplicada a la producción de los bienes y servicios.
Pero, cada vez se esta prestando más atención a la existencia de un “tercer ingrediente” del progreso, que funciona a modo de “aglomerante” de los 2 anteriores: el “capital social o cívico”. Que resulta bastante más que solo escribir las mejores normas y los más nobles deseos de convivencia social y organizada de un país, ya sea en los estatutos de sus organizaciones privadas, en las cartas orgánicas de sus municipios y aun en sus mismas constituciones. Este capital consiste en la efectiva traducción de esos valores escritos en las conductas y los comportamientos reales de la sociedad.
Solo los Estados que percibieron y lograron ello, prevaleciendo incluso sobre sus propias e históricas creencias y pautas culturales o religiosas, pero muchas veces claramente antiprogreso, resultan ser los que progresaron, aun bajo alternancias de gobiernos de distintas preferencias ideológicas. Los principales denominadores comunes encontrados podrían resultar los siguientes:
- El permanente apego y la defensa del valor de las libertades individuales y colectivas.
- Los fuertes incentivos sociales para premiar el valor de la honestidad personal.
- Una elevada confianza en el efectivo cumplimiento de las leyes, que resulta en mas y mayores acuerdos sociales y transacciones económicas.
- Los intereses del Estado siempre convergen con los de la sociedad en su conjunto.
- En esos contextos, los éxitos personales, académicos, políticos y empresariales son valorados positivamente por la sociedad.
- Se generan marcos pro conocimiento científico, innovación tecnológica y espíritu y comportamiento emprendedor, que aseguran el sostenimiento del crecimiento.
Entonces, los “ingredientes” de la “alquimia del progreso” resultan cada vez mas claros. Cada país, con ellos aun debe encontrar “su propia receta”. Aprovechando correctamente los ciclos de las bonanzas económicas, las naciones pueden construir sus capitales físico y humano. E incluso pueden medirlos mediante el stock de las maquinas de producción disponibles, el capital económico acumulado, el alfabetismo logrado, la mortalidad alcanzada, etc.
Pero, los estados de situación del imprescindible y “aglomerante” capital social de muchos países pueden parecer idénticos, porque sus normas escritas siempre son muy similares. Resulta entonces fundamental la percepción de su presencia real, porque su ausencia resiente seriamente al capital físico y humano, impidiendo el progreso. Solo la continua apreciación del nivel y la sustancia de los mensajes, los discursos y las reflexiones de la dirigencia en general pueden dar una idea a la sociedad de la distancia que existe, o no, entre ellos y la realidad.
*Castor López, Presidente de Recrear para el Crecimiento de Santiago.

























