Crónica de la mayor tragedia que sacudió a Chile en más de 30 años. Por Marilina Esquivel
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Durante la madrugada, un sismo golpeó al país trasandino y dejó más de 300 muertos y centenares de heridos. “La naturaleza nos pone a prueba”, dijo la presidenta Bachelet.
La luz de la luna llena fue apreciada más que nunca anoche en Chile. Es que el prolongado terremoto de 8,8 de magnitud en escala Ritcher –y que al cierre de esta edición había causado más de 300 muertes– que azotó en la madrugada del sábado al país, dejó a varias regiones sin luz.
“Vamos a encontrarnos con amigos porque hoy no vamos poder pegar un ojo”, dijo a PERFIL Benjamín Gallardo, frente a la Iglesia de Nuestra Señora de la Providencia, cuya cúpula cayó estruendosamente a la avenida 11 de Septiembre. “Viví sismos en pisos altos, pero ninguno como éste. No paraba más. En un momento, me entregué a lo que pasase. Si tenía que morir, iba a morir. Sólo abracé a mi novia para darle tranquilidad. Ayer nos habíamos mudado juntos”, agregó y repitió el gesto de cariño a Macarena Abrigo, como él, de 26 años.
Entrar a Santiago por la carretera Libertadores no fue fácil. Antes de llegar, a 20 kilómetros de la ciudad, la ruta estaba cortada porque varios puentes peatonales habían cedido a la fuerza destructiva del sismo. En el camino, se mezclaban curiosos y cuadrillas de bomberos y trabajadores que evaluaban daños y prevenían accidentes.
Anoche, el centro de la ciudad lucía calmo y limpio. Varios testigos dijeron a PERFIL que algunas calles, por ejemplo la comercial Lyon en el centro de la Comuna de Providencia, habían amanecido llenas de vidrios y escombros pero fueron rápidamente limpiadas. Muchos coincidieron en que el sismo –con origen a 500 kilómetros al sur de Santiago, 90 kilómetros al norte de Concepción– fue el peor que recuerdan.
En 1985, un sismo de 7.7 devastó la zona de San Antonio y en 1960 en Valdivia se produjo el terremoto más fuerte de la historia, con 9.6 de magnitud y al menos tres mil muertos y millones de damnificados.
“Lo sentí más intenso que el de 1985. La ciudad quedó complicada. Los edificios antiguos de estructura sólida colapsaron internamente, aunque no se note de afuera. La luz se demoró en cortarse porque cuando hay un sismo fuerte se corta rápido por seguridad. A mi edificio vinieron bomberos para revisar instalaciones de gas. La mayor complicación fue en la ciudad más antigua. En el cerrado Catedral”, dijo Claudio, un vecino que paseaba cerca de la avenida Libertador Bernardo O’Higgins, conocida como Alameda. Cerca de allí, en el exclusivo barrio Las Condes, el estacionamiento de un edificio se derrumbó y aplastó a más de 50 autos.
A pesar de los destrozos, Santiago pudo esquivar el destino destructivo que azotó otras ciudades desde Valparaíso a Araucania, especialmente la región de Bio Bio, con casas derrumbadas y zonas desvastadas por la entrada del mar.
En las calles céntricas se vió poca gente. Sólo algunos decidieron salir para olvidar el susto que habían pasado sólo unas horas antes. La presidenta Michele Bachelet declaró zona de desastre el centro sur del país e instruyó a sus ministros para que se desplacen a zonas afectadas. Los ministros se concentraron en la Oficina Nacional de Emergencia (Onemi), en el Ministerio del Interior.
Más tarde, la presidenta dio un mensaje en cadena nacional. “Las fuerzas de la naturaleza han golpeado duramente nuestra patria, y una vez más pone en prueba nuestra capacidad para volver a ponernos en pie. Llamo a todos los chilenos a confiar y a mantener la calma, a seguir los consejos de sus autoridades y ahorrar energía hasta tanto los servicios puedan ser restablecidos con normalidad”, lanzó Bachelet. “Ayer fuimos nosotros los que ayudamoa a Haití y hoy nos toca a nosotros recibir la ayuda del mundo”, completó.
“Se cayeron los floreros, el televisor, los vidrios, todo se desmoronaba y estallaba en mil pedazos por los suelos de la casa, mientras las paredes se sacudían y resquebrajaban en grietas enormes, como si el mundo se desplomara sobre nuestras cabezas”, narró una mujer ante las cámaras de los canales locales, agitando sus brazos, mientras señalaba su vivienda en la zona norte de Santiago. Su testimonio no era muy distinto al que podía recogerse de los diarios on line, de las agencias de noticias y que se repetían, una y otra vez, por las radios trasandinas.
“La infraestructura chilena ha resistido. El país está conectado, aunque hay algunas dificultades”, señaló el ministro de Obras Públicas, Sergio Bitar, después de hacer un sobrevuelo por Santiago y sus alrededores. E indicó que pese a algunos daños en las principales carreteras de Chile, las mayorías se encontraban operativas. El aeropuerto de Santiago, sin embargo, no tuvo la misma suerte. A raíz de los importantes daños en su estructura, los responsables decretaron su cierre por, al menos, 24 horas, desviando gran parte de los vuelos al aeropuerto internacional de Ezeiza.
Tras la cordillera, en la ciudad de Mendoza, el sismo de origen chileno se sintió con una magnitud de más de 5 grados. El día había transcurrido tranquilo. Había salido el famoso sol provincial tras varios días nublados. Pasadas las 3.30 la tierra empezó a oscilar en un vaivén intenso y prolongado. En Vistalba, a 30 kilómetros al sudoeste de Mendoza el piso se mecía como un bote a la deriva. Las puertas cerradas golpeaban como cuando sopla un viento fuerte y las escaleras rechinaban. Tras el ventanal del living de la casa se veía la habitualmente estancada agua de la pileta convertida en olas que desbordaban los bordes. Los dos perros de la casa, dos ovejeros usualmente inquietos, estaban petrificados como estatuas. Sólo cuando pasó el temblor empezaron a ladrar.
Tras los primeros momentos de confusión y cuando el temblor comenzó a amainar –en la ciudad se calcula que se sintió como de 5 Ritcher– los teléfonos empezaron a sonar en casi todas las casas. Parientes y amigos buscaban confirmar el estado de sus familiares.
“Llamé a mis hijos que habían salido. Uno estaba en un boliche de Godoy Cruz y no había sentido nada. Le pedí que saliese enseguida. Luego me contó que a los 15 minutos del temblor se abrieron las puertas de emergencia y los chicos salieron tranquilos. A los 40 minutos, por orden municipal, se cerró el lugar”, comentó Pedro García. Su hija Aldana estaba en el parque San Martín. “De repente, las hojas de los árboles comenzaron a moverse y sonar como cuando hay viento fuerte. Después algunas personas bajaron al parque”, relató.
Minutos después del sismo, el canal chileno mostraba las calles de Santiago sin luz y pobladas de automóviles que, desoyendo el consejo que emitía la conductora, salían en búsqueda de seres queridos. “En este momento estoy sintiendo una réplica en el estudio, que están en un segundo subsuelo”, dijo la blonda locutora varias veces durante la madrugada.
Fuente: Perfil
























