Sobrevivir Argentina
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Carta al Director de “La Nación” de Abel Posse
Señor Director:
“En el diario del 2 del actual se informa que en la inauguración del año legislativo, el jefe de gobierno porteño admitió haber cometido errores. El redactor indagó a allegados del ingeniero Macri que le «precisaron que se refería a algunas designaciones polémicas» y se anota mi nombre como ministro de Educación, incluso en el subtítulo del escrito.
“El jefe de gobierno me ofreció el cargo después de ofrecerlo a otros intelectuales independientes, seguramente con la voluntad de buscar un camino definitivo para estos idus de cada marzo. Acepté, después de reflexionar, la brasa ardiente que tomaba. No se me impuso condición alguna y desde mi asunción invité a una ineludible «sacralización del niño» que no debe seguir siendo víctima de una decenal reyerta económica y de la casi aceptada extorsión anual de un derecho de huelga degenerado en dejar a los chicos ante las aulas vacías y a los padres trabajadores repartiéndolos como mascotas, entre parientes y vecinos.
“Publiqué en entrevistas y expuse ante el gabinete de la ciudad la posibilidad de un sólido aumento estable en la paga de los docentes, decisión que se facilitaría con una reorganización total de la corrupción y del caos existente (falsas licencias, ausentismo, prebendas, suplencias arbitrarias, promociones injustas, postergaciones, ideologismos sectarios, politiquería sindical). En suma: ir al fondo y rejerarquizar al maestro como eje básico de la recomposición del tejido social enfermo, que sólo recuperando centenares de miles de jóvenes perplejos y a la deriva lo lograremos, como tarea fundamental de esta Argentina en avanzado estado de descomposición. A partir de allí fue el aquelarre.
“Se ve que yo había golpeado en el centro con eso de sacralizar al niño como acuerdo previo ineludible. Me dedicaron un inédito ejercicio de descalificación. Me transformaron en un Frankenstein armado con retazos de varios criminales de guerra. Desconocieron mi carrera diplomática: fui embajador a partir de Alfonsín de los cinco presidentes de la democracia, con sucesivos acuerdos de los senados radicales y peronistas.
“La mayoría silenciosa me apoyó como reencontrando lo que pensaba en un desierto de convencionalismo cotidiano. Sentí que mi voz de escritor había interpretado a mucha gente harta de la decadencia que no merecemos. Pero la clase política que desde el 28 de junio está por debajo de nuestra angustia no aprovechó lo que ocurría para desencadenar el gran debate que exige esa corrupción que está acabando con la educación pública. Parece difícil sobrevivir Argentina en su mala hora, pero necesitamos un gran viraje y coraje para romper el pacto de resignación que nos inmoviliza.”
Abel Posse
Embajador























