Ni siquiera bronca. Por Malú Kikuchi
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La bronca suele ser un sentimiento que a la larga produce algún hecho. A veces, hechos positivos. La bronca sirve como detonador, hace que la gente reaccione y se ponga en marcha.
En 1972, Pedro y Pablo cantaban la “Marcha de la bronca”, y recuerdo algunas frases dispersas como, “cuando ríen satisfechos al haber comprado sus derechos”, o “nunca nada queda claro”, para terminar con “bronca porque no se paga la fianza si nos encarcelan la esperanza”.
La bronca moviliza, pero desde el fallido intento del senado para sacar a Marcó del Pont del BCRA, ni siquiera siento bronca. En todo caso desilusión, desesperanza, abatimiento, desaliento, desánimo, desengaño, desamparo, “desentusiasmo” (Reutemann), depresión.
Son todos sentimientos negativos, con los cuales no se puede construir nada. Quisiera creer que esta desmoralización no es compartida por la mayoría de los que votamos el 28/6/09, por distintos representantes opositores al actual gobierno.
Personalmente, me siento estafada. No por el gobierno, ya que de los Kirchner, hace mucho tiempo que sólo espero lo que está a la vista; división social, aumento de la pobreza, exceso de palabras, mentiras enormes, odio, corrupción, capitalismo de amigos y clientelismo.
Espero una infinita capacidad para sacar conejos dañinos de la galera y descolocar a todos, propios y ajenos. Los K no tienen margen posible para desilusionarme. El arco opositor, si. Y lo ha hecho.
Sé que los opositores tienen ideologías muy diversas; sé que hacen un enorme y encomiable esfuerzo para conciliar entre ellos 3 o 4 puntos esenciales para reconstruir la república. Sé que no es fácil.
Pero que no sepan contar, o que no se den el trabajo de constatar que los votos con los que creen contar, están realmente disponibles, es difícil de entender. Primero les pasó con Menem, lo dieron por descontado. Se equivocaron. Tuvieron que volver a empezar. No aprendieron. Aseguraron tener 37 senadores dispuestos a rechazar a Marcó del Pont.
Los opositores eran 37, tenían quórum propio. El oficialismo tenía sólo 35 votos. Lo aseguraron en todos los medios. No fue cierto. La cuenta dio exactamente al revés. 35 para el arco opositor y 37 para el oficialismo. Un éxito rotundo para el gobierno.
¿Qué pasó? ¿Por qué se perdieron dos votos? La senadora por Santa Fe, ex aliada de Reutemann, Roxana Latorre, se dio vuelta. La senadora por Río Negro, María Bongiorno (ex UCR, ex Frente Grande), también.
No importan las razones del cambio, no importa si fueron económicas, o carpetas amenazadoras, o presiones, o beneficios extras para sus provincias. Se dieron vuelta y los líderes del arco opositor no lo vieron venir. Se enteraron al mismo tiempo que el resto de la población.
Los radicales dan siempre la sensación de una extrema ingenuidad y de un reverencial temor a la posible “ingobernabilidad”. No sea que hagan algo que obligue a los K a renunciar y Cobos deba hacerse cargo del desastre argentino. ¡Adiós a la posibilidad de ser gobierno en el 2011!
Del lado del peronismo federal, que conocen el paño mejor que el resto, nunca se sabe cómo y quienes van a responder a favor o en contra. El senador Verna, ¿con quien está? Dice que va a votar en contra de DNU 298/10, pero hace un proyecto de ley que es idéntico al famoso DNU. Muy complicado.
¿En qué estaba pensando Adolfo Rodríguez Saa mientras las senadoras Latorre y Bongiorno saltaban hacia el oficialismo? Las contabilizó votando con el arco opositor, ¿nunca habló con ellas para comprobar si iban a votar en contra del pliego de Marcó del Pont?
Los representantes de la derecha vergonzante,-se dicen de centro-, y los de la izquierda políticamente correcta, nunca saben si van a negociar con el gobierno o con el arco opositor o si van a ser absolutamente fieles a sus principios. Que no sabemos cuales son.
Y ese cuento de las mayorías frágiles y móviles, que un día están y al otro no, que un día negocian y al otro son intransigentes, es demasiado difícil de asimilar para el ciudadano de a pie.
La sensación es que siempre, de alguna manera creativa, cara y non sancta, los K salen ganando. Y eso no fue lo que se votó el 28/6/10. Los representantes no nos representan.
Mientras en el senado se impone el gobierno, Kirchner desde Vélez nos grita que van a gobernar hasta el 2011, como debe ser. Nos amenaza con que van a gobernar hasta el 2015, ¡Dios y los argentinos no lo permitan! Y nos hace temblar cuando dice que nos van a gobernar hasta el 2020.
Primero, pánico, luego llega el desconcierto. Los periodos presidenciales son de 4 años. ¿Cómo, el tampoco sabe contar? Difícil. Es el nieto aventajado de su abuelito. Es un brillante broker financiero, capaz de aumentar su patrimonio en 6 años en un 576%. Es un afortunado militante inmobiliario. Seguro que sabe sumar. ¡Y cómo!
¿2020? En todo caso y Dios nos libre, el año es el 2019. Salvo que piense cambiar la Constitución Nacional como lo hizo con la de Santa Cruz, la que reformó 2 veces: en 1994 para posibilitar su reelección y en 1998 para habilitar la reelección indefinida.
Acosados por el gobierno, desamparados por los opositores que anteponen intereses personales a los de la nación, engañados por casi todos, da ganas de gritar: ¡paren un momento, me quiero bajar!
La ilusión se evapora. El cansancio moral gana por goleada, y ya ni siquiera se siente bronca. Tristeza por lo que fuimos alguna vez, lástima por lo que ya no vamos a ser. Por lo menos en mucho tiempo.
Y uno se pregunta, ¿vale la pena seguir peleando, cada uno desde su lugar, por una Argentina que se aleja todos los días un poco más de lo que dicta la Constitución Nacional? Mañana le contesto que si, hoy ni siquiera consigo tener bronca.
P.D. Ya es mañana y sí, vale la pena. A pesar de la mayoría de los políticos que hemos sabido conseguir. A pesar de la codicia, la pequeñez, la ambigüedad, la falta de coraje y la traición, Argentina, la nuestra, la de la gente común, la suya y la mía, vale la pena.
Fuente: La Caja de Pandora / Notiar

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