La pacificación nacional. Por Gastón Pérez Izquierdo
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Hace muchos años, un estimado amigo y cliente mío a quien sólo identificaré por sus iniciales -IZ- viajó por razones de negocios a Sudáfrica. Lo hizo en los momentos de mayor tensión entre una minoría blanca dominante, que recurría al “apartheid”, y una mayoría de color que desafiaba cada vez con más intensidad el poder instalado. A este panorama debía agregarse el condimento ideológico y étnico, porque la raza xhosa respondía al Congreso Africano, de orientación marxista, y los zulúes al doctor Buthelezi, de tendencia anticomunista y prooccidental. Coexistían también minorías chinas, indias y de otras tribus africanas.
Dado que con frecuencia interrogaba el juicio inteligente de mi amigo sobre distintos aspectos políticos, quise saber de su propia boca el futuro que imaginaba en la próspera y ordenada nación, mosca blanca en un continente de injusticias y pobreza. Su respuesta fue muy pesimista. Pronosticaba una rebelión incontenible, represión despiadada, la instalación, en fin, de la anarquía. “Salvo -dijo- que aparezca una figura surgida de los mismos grupos reprimidos, alguien con pasado terrorista, que intente una política de unidad y no de venganzas.
Pero esa persona no existe, al menos no se la conoce” (en ese entonces Mandela era un hombre desconocido para la opinión pública y de él sólo sabían los iniciados que era un guerrillero preso desde hacía décadas en las cárceles de Pretoria).
Con el tiempo he ido admirando la exactitud de ese diagnóstico. Sudáfrica salió del “apartheid” y la figura de Mandela fue decisiva para que no se iniciara una caza de brujas, se aceptaran los derechos y los bienes de la minoría blanca y el régimen de derecho occidental.
El sistema capitalista fue respetado y apoyado. Sudáfrica se reinsertó en el concierto internacional -los organismos multinacionales la habían excluido por discriminatoria- y a pesar de algunos desencuentros y breves choques, continuó su marcha de progreso y crecimiento mirando al futuro.
El recuerdo de Mandela y ese episodio relatado volvió a la memoria de este columnista a partir de las primeras medidas adoptadas por Mujica en el Uruguay. Ante todo, es justo efectuar un mea culpa; confieso que las formas exteriores del hombre y su pasado tupamaro habían actuado como datos prejuiciosos. Imaginaba, siguiendo una lógica lineal, que esos antecedentes habrían de actuar como un imperativo sobre el flamante presidente; a fin de cuentas el pasado tiene tentáculos tan viscosos y trituradores que se necesita de un acto heroico para cortarlos.
Pero el señor Mujica sorprendió a todos, tanto a los que esperaban el momento de lanzar una ola de venganzas revanchistas al estilo argentino como a quienes suponían que el ex guerrillero habría de intentar desde el poder lo que no lograra mediante el empleo de las armas.
El equilibrio del nuevo presidente ha dejado perplejos a todos; en su óptica, el enemigo es la pobreza, la injusticia, el delito y las fuerzas unidas de la nación deben aplicarse para atacar ese flagelo. Según esa visión, el patriotismo no es una palabra vacía y menos aún una bandera de facción; detrás de su invocación debe alinearse el conjunto de los ciudadanos, con diferencias sociales, económicas, ideológicas y de estilo, pero encolumnados detrás del objetivo prevaleciente: el interés nacional.
La Argentina no puede menos que sentir envidia legítima ante estos ejemplos. Por desgracia y para mayor tristeza, aquí se sigue actuando como lo hace el torito del ruedo, que intenta embestir el trapo colorado en lugar de atacar al diestro que esconde la espada. El último y deleznable ejemplo de persecución prepotente ha sido la orden de detención de un anciano postrado en una silla de ruedas a quien se le imputa -por encima de los avatares procesales- el “delito” de paternidad sobre una mujer que tuvo el valor de fallar contra actos inconstitucionales del Gobierno. Y así nos va.
Fuente: La Prensa

email este artículo

























