Propagación de la irresponsabilidad. Por Nélida Rebollo de Montes
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Naufragio de la disciplina en el sistema escolar. Hace falta una educación de la libertad que no excluya las normas, las reglas ni el principio de autoridad -
Hay que detener la perturbación que ocasionan alumnos insolentes, violentos e irresponsables que agreden y amenazan en patotas a sus maestras y profesoras.
Durante años se ha abusado bastante de la idea de adaptación al temperamento y al espíritu de cada alumno. Los que han ejercido la docencia en años pasados han cumplido ese método pedagógico que daba buenos resultados. Había una comunicación respetuosa, entre maestro y alumno en el aula, en la que no faltaba una atmósfera cordial en la enseñanza en un ambiente propicio al trabajo escolar.
La actual sucesión de hechos de violencia protagonizados por jóvenes alumnos contra los docentes, por cualquier motivo y con una absoluta desvergüenza está indicando que ya es hora que funcione el alerta al rojo vivo. No es posible seguir tolerando que una profesora o una maestra responsable padezca perversas agresiones físicas, entre las cuales figura que sus propios alumnos le quemen el cabello mientras ella trabaja en el aula, más otras salvajadas imposibles de creer.
También los jóvenes se constituyen en una réplica de las barras bravas abofeteando a docentes por haberles llamado la atención ante el ensañamiento de maltratar a compañeros. Esas patotas están integradas a veces por muchachos de doce a catorce años y se mueven en forma visible para abofetear a educadores de su propia escuela. Esto es observado por condiscípulos y por el personal de la escuela, impotentes para contener a muchachos irascibles que emplean una violencia que obliga a ser cautos para evitar situaciones peores.
En todos estos casos la docente que resulta agredida ha debido ser hospitalizada. Hubo otros en que las víctimas han entrado en coma por las palizas recibidas sin que hasta el momento se conozca las severas medidas disciplinarias a que se hace acreedor el atacante. Ese inicuo proceder deja perplejos a los que involuntariamente han sido testigos de malignos ataques.
La legislación escolar determina que el docente es la persona responsable a la que se le debe consideración, aprecio y deferencia. En los hechos pareciera que los educadores carecen del derecho a ser respetados y a establecer un orden efectivo en su clase y en la escuela. Esta actitud es la que contribuye al caos, mientras algunos padres y miembros jerárquicos del establecimiento educativo, se valen de privilegios absurdos en contra del desprotegido maestro o profesor.
En ningún caso se puede seguir tolerando este perverso estado de esclavitud en que ha caído la docencia de nuestro país y menos justificar tamaña incivilidad. Toda legislación positiva desde la ley a la más modesta circular debe atenerse a las normas generales del Derecho como fuentes de responsabilidades cuando se han establecido los conceptos de mayoría y minoría de edad. Esto no puede desconocerse en ningún documento legal por sentimentalismo huero o falta de firmeza para hacer justicia. La sociedad no está lejos, si la violencia continúa, a padecer una sacudida trágica pues el conflicto existe aunque pretendan algunos ideólogos taparlo con las mentiras y las promesas fallidas.
No hace mucho fue denunciado públicamente en Buenos Aires que la madre de un alumno cuyo hijo perturbaba la clase con una flauta fue amonestado por la maestra que le retiró el instrumento de música hasta que finalizara el horario de clase. ¿Cómo solucionó la indisciplina de su hijo la irascible mamá? Se presentó al día siguiente y una vez localizada el aula de su “nene”, ingresó abruptamente gritándole a la maestra, a la que agarró de los cabellos, y la tiró al piso, una vez totalmente indefensa la víctima, la agresora procedió a patearla en la pelvis, en la cabeza y en cuanto lugar elegía, presa de ira. Este proceder debió sancionarse con firmeza para evitar que se propague la violencia y la irresponsabilidad, sin embargo, nada ha dejado trascender la escuela respecto a este episodio criminal.
La lista de agresiones es extensa y los “consejeros” de las escuelas se las arreglan con un discurso teórico que practica el angelismo de jovenzuelos y padres que se allanan a cualquier cosa mientras ayudan con su debilidad a favorecer la anarquía. Ni aún apelando la escuela a una disciplina excesivamente autoritaria y demasiado coercitiva se podría justificar estas escenas propias de la selva. Es tan dispar la actitud de los maestros en la actualidad con relación al acoso violento de alumnos que es posible prever lo que puede desencadenar esos comportamientos sino se reacciona con la energía que ello requiere y la sanción que merece.
Los ambientes escolares se están acostumbrando a padecer las consecuencias del insolente libertinaje y del cínico nihilismo que cada vez toma más incremento. Permitir que jóvenes irresponsables decidan por sí lo que se les dá la gana y que además estén convencidos de que han venido a este mundo a ser mantenidos, y a vivir a costa de los padres, es demasiado permisivo aunque lo justifiquen algunos incompetentes teóricos que defienden a los rebeldes, sin causa, que atropellan todos los valores como si fuera una fatalidad condenar a los demás a vivir atemorizados porque individuos con una conducta veleidosa y disipada así lo entienden.
Esto conduce a la descomposición mental y cada vez más se desconoce que el concepto de libertad es correlativo al de la responsabilidad. Nadie que no sea declarado responsable de sus actos y acciones puede ser declarado libre y en consecuencia, la persona comprometida que tiene a su cargo sujetos irresponsables, debe asumir parte de la responsabilidad necesaria por seguridad de los demás y por la propia. El desprecio de esta evidencia está conduciendo a una próxima tragedia.
Al propagarse cada vez más el libertinaje y la incuria, los menores están siendo llevados a consumir drogas; a robar y matar a inocentes y a imponer lo que les da la gana como es la moda actual. Cualquiera de ellos puede convocar a no asistir a la escuela. Como si esto fuera poco tres individuos mayores, uno de ellos casado, con residencia en el pueblo de General Villegas de Buenos Aires, han violado a una niña de catorce años; y, los tres han difundido filmaciones propias en casette en las que muestran escenas patéticas de cómo violan a la chica para que todos se enteren. Esta perversidad extrema ha sido filmada y distribuida en el pueblo citado por los mismos depravados.
Cómo será la descomposición mental, que algunas mujeres, entre ellas la esposa de uno de los degenerados participa de las marchas en defensa de los “chicos” como los llaman a los inmorales corruptos en abierta libertad, no obstante la documentada defensa del abogado de la niña y su familia. La cadena de jerarquía de la justicia del pueblo de General Villegas de Buenos Aires mira para otro lado mientras los disolutos y viciosos siguen sueltos.
Volviendo al tema de la escuela hay que agregar que van alumnos armados con revolver o puñales. Se ha reconocido que la docencia está en grave riesgo pues gran parte de la juventud está desquiciada.
Hay que reconocer que numerosos padres; instituciones periescolares; legisladores pedagógicos han dejado indefensos a los docentes en medio de individuos peligrosamente irresponsables. Se ha quebrado el compromiso de velar por un equilibrio racional entre los principios de la libertad y la autoridad, anulando el sentido general de la responsabilidad.
¿Cómo se puede formar jóvenes capaces de autonomía, dispuestos a vivir comprensiva y solidariamente si se los deja, día a día, que se conviertan en seres desquiciados? ¿Cómo enseñarles a los más jóvenes a encontrar sus propias normas, si desde las más altas jerarquías gubernamentales se silencian y cuando salen a la luz los actos de corrupciones gravísimos se los niega ante la evidencia?
Está haciendo falta una educación de la autonomía, una educación de la libertad que no excluya las normas, las reglas, ni el principio de autoridad.
Nélida Rebollo de Montes, Profesora y periodista, distinguida con el Premio Benefactora de la Cultura. Ingresó en la Academia Provincial de la Historia con el trabajo titulado “Mujeres de mayo y prácticas electorales de 1816”. Con el voto unánime ingresó a la Sociedad Argentina de Escritores, institución que la distinguió con la “Pluma de Oro”, con la “Faja de Honor” y el “Gran Premio de Honor”. Autora del libro “Nuestro Tiempo y Nuestras Razones”, que incluye artículos de su profesión periodística, afrontando la difícil tarea del comentario instantáneo sobre los acontecimientos que se suceden diariamente. La gente valora en ellos el estudio relevante sobre el presente. El libro figura en las Universidades de Yale, de Columbia y en el catálogo online de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos de Norteamérica.
Su Ensayo “Rosalía de Castro. Antonio de la Torre : dos testimonios de la pasión poética” fue incluido en la Biblioteca de la Universidad de Santiago de Compostela de España, en la Biblioteca Pública de Nueva York y en la Universidad Stony Brook de Nueva York de Estados Unidos de Norteamérica. Fue galardonada, en 1986, con el premio internacional “Honoris Causa”, otorgado por la Acción Católica Argentina con sede en Los Ángeles, Estados Unidos de Norteamérica. En el mismo año, la Comisión Interamericana de Mujeres de la Organización de Estados Americanos (OEA) la premió en el año internacional de la Paz. Fue elegida, en 1990, “Ciudadana Ilustre” de la Municipalidad de la Capital de San Juan y condecorada, en 1994, por el Diario la Razón. El Centro de Artistas Plásticos de San Juan la consagró, en el mismo año, “Benefactora del Arte”. Tres veces premiada, en 1997, 2001 y 2005, por ADEPA (Asociación de Entidades Periodísticas de la Argentina) y, en 1990, con el “Santa Clara de Asís”.
La Dra. Rebecca Ann Bill de la Universidad de Stanford de California, Estados Unidos, contratada por FORES (Foro de Estudios sobre la Administración de Justicia de la República Argentina) consultó como fuente de de información un artículo periodístico de la Profesora Nélida Rebollo de Montes (argentina) titulado “La Suprema Corte de Justicia en la Presidencia de Mitre” y un libro del Dr. Harold J. Berman (estadounidense) de la Universidad de Cambridge y profesor emérito de la Universidad de Harvard. De ambos autores la Dra. Bill utilizó datos para su obra de investigación “Medición de la autonomía judicial. Juzgado Federal de primera instancia en lo penal de la República Argentina”.

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