Persecución y muerte. Por Rafael Bulacio
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Con la previa y necesaria aclaración que lo que voy a comentar está extraído de una nota informativa del diario La Gaceta, paso en primer lugar a relatar los hechos. Un productor de trigo de la provincia de Salta, mató de un tiro de rifle a un tucumano que había intentado estafarlo en una transacción comercial que implicaba la compra de 200 toneladas del cereal. Luego de haber cargado cinco camiones con el trigo en la finca del salteño, el comprador intentó darse a la fuga en una camioneta. Pero el productor le dio alcance en la ruta provincial 3 a la altura de la ovejería. El tucumano amenazó al salteño con una barra de acero, indicándole que no le pagaría. “De aquí nadie se mueve hasta que llegue la policía” advirtió el productor extrayendo de su camioneta un rifle calibre 22.
La información señala que el tucumano intentó agredirlo, ante lo cual, el salteño le efectuó un disparo que impactó en su cuello. La victima auxiliada por su padre fue conducida al hospital de Metán donde falleció poco después. Hasta aquí los hechos tal como lo informan los medios.
La información periodística me conmovió hondamente. Ciertamente que vivimos en un mundo de violencia y de deshonestidad, pero siempre confiamos en la palabra y en la buena fe como principios básicos que rigen las relaciones humanas. Si lo sucedido es tal cual lo narran los medios, el comerciante tucumano montó una formidable logística para quedarse con 200 toneladas de trigo sin pagarlas. El productor salteño, al ver que el fruto de su iniciativa, de su trabajo y de su esfuerzo se le escapaban, por la maniobra de un sinvergüenza, apeló al recurso que tenía más a mano, perseguirlo. No hay duda de que su reacción fue espontánea y no premeditada como si lo fue la fingida compra del trigo por parte del tucumano que dispuso de los camiones para trasladarlo y de una camioneta donde lo esperaba su padre, para escabullirse sin pagar. Una actitud, que además de deshonesta, muestra un alto grado de desfachatez. Estimamos absolutamente comprensible la airada reacción del afectado que sin duda, no buscaba matar al estafador, sino cobrar lo que era suyo.
Hechos como éste suceden en todos los países, y algunos más aberrantes también, pero Argentina siempre fue un país de paz y de concordia, donde un trato amistoso se cerraba con un apretón de mano, especialmente en el campo, donde continúa predominando la confianza como base para los negocios.
No hay duda de que el país ha cambiado, la violencia en sus múltiples formas se ha instalado en la sociedad argentina. Los malos ejemplos cunden y lo más grave, es que se originan preferentemente en los sectores más altos y más mediáticos de la sociedad, la de los famosos, políticos y funcionarios. Este no es el país que queremos la mayoría de los argentinos, queremos volver a ser lo que fuimos, una nación de gente de trabajo y de confianza. Un país de laburantes y no de vagos sostenidos por un gobierno que fomenta la holgazanería a cambio de votos. Un país sin piquetes y donde podamos transitar tranquilos, sin temor que la delincuencia nos robe, nos ultraje o nos quite la vida. Y un país serio, donde no se nos mienta…
El drama que hoy comentamos puede ser tomado como una síntesis de lo que nos ocurre. Un rufián que buscó quedarse con el trabajo de un productor sin pagarlo. Un burlado que se hizo justicia por mano propia, todo en un marco de confusión y de violencia.
La sociedad argentina debe sosegarse y entender que el rumbo correcto es el de la decencia, que las instituciones funcionan cuando los ciudadanos, todos, aprenden a respetar las leyes y cuando juntos marchan hacia una meta común.
“Reflexiones sobre la Actualidad” análisis de Rafael Bulacio, irradiado en la fecha por las ondas de Radio del Plata Tucumán, 93,9 Mhz; Millenium Tucumán, 97,7 Mhz; y Spika Tucumán, 89,1Mhz.

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publicado el junio 17th, 2010 a 12:01
publicado el junio 17th, 2010 a 18:22