7 julio 2010

Que piensa Kirchner: El análisis político y económico de los doctores Vicente Massot y Agustín Monteverde

Publicado en Economía, Opinión, Política |
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  • Periodismo de Verdad: 7 de julio de 2010

     

    El rotundo 4 a 0 del pasado sábado nos devolvió a la realidad —definitivamente no éramos tan buenos como creían algunos— y, al mismo tiempo, sepultó cualquier tipo de especulación en la cual pudieron pensar los Kirchner para aprovechar, en su favor, un supuesto campeonato mundial ganado por el conjunto albiceleste.

     

    Cuánto había de cierto en la versión, echada a correr antes de comenzar el torneo en Sudáfrica, de que el matrimonio gobernante tenía toda la intención de apropiarse del éxito del seleccionado dirigido por Diego Armando Maradona, es asunto que ya a nadie le interesa.

    En pocos días más, cuando hayan cesado los lamentos de un pueblo tanguero y tiendan a desvanecerse los reproches que, seguramente, le serán enderezados al director técnico y a los jugadores, el Mundial de Fútbol será historia.

    Como lo son aquellos festejos multitudinarios que acompañaron, en la ciudad de Buenos Aires, las fiestas del Bicentenario y tanta tinta hicieron correr en cuanto al significado político que arrastraban. Recuérdese que el gobierno se mostró eufórico creyendo que podía sacar alguna tajada de esa algarabía popular.

    Pronto se dio cuenta de que no había sido sino una variante, tan espontánea como pasajera, de algo que podría denominarse, sin exagerar, carnaval cívico.
    De la misma manera que hubiera representado un esfuerzo baldío tratar de obtener ventajas de lo que eventualmente sucediese en tierras africanas con nuestro seleccionado, también es verdad que su estrepitoso fracaso a manos de los alemanes no le producirá un agujero en la línea de flotación al gobierno. Carece de sentido, pues, insistir en uno u otro sentido.

    Alfonsín nada ganó después de la victoria de Méjico ’86. Por el contrario, sucumbió ante el embate de los carapintadas en la Semana Santa del ’87 y fue luego derrotado a lo largo y ancho del país en las elecciones llevadas a cabo en la primavera de ese mismo año.

    Entre el fútbol y la política media un abismo.

    Néstor Kirchner, a todo esto, ha decidido, por ahora sin alharacas, sin gestos ampulosos o anuncios espectaculares, poner en práctica una estrategia de seducción con algunos referentes que él expulsara del oficialismo pero a los que quiere de nuevo cerca suyo para dar pelea en octubre del 2011.

    n este orden de cosas han sido convocados a Olivos, de la mano de Juan José Álvarez —siempre atento al mejor postor— miembros de los equipos de Francisco De Narváez, funcionarios de origen peronista del gobierno de Macri, y ex–ministros de Daniel Scioli.

    Al margen del resultado de esos encuentros —de momento desfavorables para el santacruceño— lo importante es analizar los argumentos que esgrimió, ante los convocados a la Quinta de Olivos, el ex–presidente. No es que se haya reciclado, pero conviene prestarle atención a lo que piensa hoy de sus adversarios, de sus posibilidades electorales, de sus decisiones pasadas y del futuro que imagina.

    Que el operador de la maniobra de captación sea el citado Álvarez, a quien el progresismo en su totalidad satanizó cuando se hizo público que había sido agente de la SIDE durante el último gobierno militar, resulta un indicio claro de que el pasado cuenta sólo a veces para el político patagónico. Juanjo Álvarez es capaz de trabajar para cualquiera. Kirchner, a su vez, es capaz de trabajar con cualquiera, inclusive si tiene el peor de los prontuarios.

    Que los llamados hayan sido Emilio Monzó —responsable del armado de De Narváez en el interior de la provincia de Buenos Aires y otrora ministro de Asuntos Agrarios de Scioli—, Diego Santilli —ministro de Espacio Publico de Macri— y Santiago Montoya —ex–titular de ARBA— dice lo suficiente acerca de la amplitud de miras kirchneristas. Recuérdese, al pasar, que Monzó, al igual que Montoya, fueron literalmente cesanteados por el actual gobernador bonaerense a instancias del santacruceño. Monzó por ser considerado, en plena disputa con el campo, un virtual aliado del sector agropecuario.

    En cuanto a Montoya, su pecado fue negarse a ser uno de los candidatos testimoniales en los comicios de junio del año pasado.

    Kirchner les ha dicho, palabras más o menos, que hace doce meses “esto” —refiriéndose a la Quinta de Olivos y a la administración de su mujer— “era un velorio”.

    Pasado ese momento, en que todo parecía desbarrancarse, ahora considera que él ha retomado la iniciativa y no hay razón para no dar pelea a sus enemigos. Por de pronto confía, a ojos cerrados, en un ciclo económico que ha vuelto a sonreírle y ello resulta la condición necesaria para enfrentar con posibilidades de éxito las elecciones venideras.

    Sobre todo porque, al propio tiempo, estima que sus adversarios carecen de peso especifico. No hay, según su criterio, uno solo que sobresalga del resto. En general los tiene por un conjunto de mediocres a los cuales les falta estaño, capacidad y osadía para aprovechar las situaciones favorables.

    A Kirchner le parece inconcebible que hayan dejado pasar la oportunidad que tuvieron inmediatamente después de haberle ganado en junio de 2009. Ello lo lleva a pensar que no podrán ponerse de acuerdo para enfrentarlo. De su juicio, entre irónico y despectivo, no se salvan ni Duhalde, ni Reutemann, ni De Narváez, ni Macri, ni Alfonsín ni Cobos.

    En confianza, no tiene empacho en reconocer que cometió su peor error estratégico al creer que podía doblegar al campo. Al referirse a esa disputa, descarga sus baterías contra el ex– ministro de economía, Martín Lousteau, quien, de acuerdo a sus expresiones, en mala hora lo convenció de un camino que terminó por conducirlo a la derrota ya conocida.

    Jura y perjura el santacruceño que no tropezará dos veces con la misma piedra aunque también piensa que no le será fácil reconquistar los favores del sector agropecuario.

    Contra lo que algunos pueden pensar es consciente de que sus chances de ganar en segunda vuelta son pocas o ningunas. En cambio, sobre la base de una economía en franco crecimiento, un arco opositor deslucido y un gobierno rejuvenecido, supone que no le resultará imposible obtener el 40% de los votos en la primera vuelta.

    Se dirá, y con razón, que son puras expresiones de deseos. Se podrá argumentar también que, siempre que se construye un silogismo, de la premisa mayor dependerá la conclusión.

    Por ende, si los puntos de partida de la estrategia de Kirchner son los expresados más arriba, es lógico que tenga aspiraciones de volver a calzarse la banda presidencial en el 2011.

    Lo que el santacruceño parece olvidar o dejar de lado a propósito es que, por modestos o mediocres que sean sus opugnadores, son los mismos que le derrotaron en toda la línea el año pasado; si bien la economía crece, la inflación no se queda atrás y, por fin, que la gente es la que cuenta a la hora de votar y no los principales referentes políticos por los cuales el ex–presidente tiene tan poca estima.

    En este orden, las dos últimas encuestas conocidas son claras: Néstor Kirchner orilla el 17 % de los votos en una primera vuelta y pierde contra cualquiera que lo enfrente en una segunda.

    Hasta la próxima semana.

    Vicente Massot

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    EEUU: el final del “riesgo cero”

    Desafíos sin precedentes para la Fed

    • Semana a semana hemos venido exponiendo el carácter estructural de la crisis internacional e identificando los principales desequilibrios que la caracterizan.

    • En buena parte de esas distorsiones los EEUU tienen un papel estelar.

    • La administración Obama se ha mostrado reluctante a tomar con rapidez determinación las medidas correctivas de tales desvíos.

    • Son enormes los desafíos que deberá encarar el país del norte en orden a alcanzar una pronta salida de la crisis con el menor costo posible.

    • Los hogares estadounidenses deberán transformar su actual patrón de sobreconsumo y despilfarro en uno de austeridad, ahorrando 8 % ó más de su ingreso nacional en bonos del gobierno.

    • Sólo disminuyendo el consumo privado y el gasto público podrán los EEUU sortear la reprogramación de la deuda o su monetización.

    • En este último caso, la inflación consiguiente significaría una forma de default encubierto sobre su deuda nominada en dólares.

    • Para estimular el ahorro de los hogares y que éste se vuelque a los ya no tan seguros bonos del Tesoro, las tasas de interés deberán elevarse a niveles francamente positivos en términos reales, empinándose la curva de rendimientos.

    • Con el ascenso de las tasas domésticas y la normalización —empinamiento— de la curva de rendimientos, comenzará a recomponerse el ahorro de los estadounidenses.

    • La suba de tasas evitará una aceleración inflacionaria y consiguientes nuevas distorsiones y burbujas de activos.

    A los fines de evitar daños adicionales a la economía, la Reserva Federal ha dejado en claro que no venderá los activos respaldados con créditos al sector privado, que adquirió en el marco de la política de relajamiento cuantitativo, hasta después de que empiece a subir las tasas de interés.

    • Entre esos activos hay cédulas hipotecarias por más de U$ 1,1 billones.

    • Para reducir el tamaño de su balance y la cantidad de reservas, la Fed no está
    reemplazando la deuda de agencias federales (tiene un stock de U$ 167600 MM de estas agencias) y obligaciones respaldadas por hipotecas que vencen o se amortizan anticipadamente.

    • Si debieran enfrentarse fuertes presiones deflacionarias, la Fed podría evitar comprar bonos del Tesoro y adquirir en cambio títulos de deuda privada.

    Si bien el efecto monetario es idéntico, se estará dando el mensaje al gobierno de que es él quien debe ajustar su gasto.

    • Habida cuenta de la orientación populista de la actual administración, es probable que a los recortes en el gasto se sume, de todas formas, alguna mezcla de inflación, devaluación y cierta reprogramación de deuda, como ya conocemos en estas latitudes.

    Si este último componente es significativo, las consecuencias para el sistema monetario mundial podrían ser dramáticas.

    Agustín Monteverde

    inc@ar.inter.net

    Gentileza del Estudio Massot / Monteverde & Asociados


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    Esta noticia fue publicada el Miércoles, julio 7th, 2010 a las 22:07 bajo la sección Economía, Opinión, Política. Puedes seguir cualquier respuesta a esta noticia mediante de RSS 2.0 feed. Puedes dejar una respuesta, o seguirla desde tu propio sitio.

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