La seguridad energética es imprescindible para el progreso argentino. Por Cástor López Ramos
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El actual marco de las celebraciones del bicentenario de nuestra nación, que se extenderán por más de un lustro hasta el año 2016 inclusive, resulta particularmente propicio para el análisis de la grave inconsistencia existente entre la real situación energética argentina y los planes de desarrollo que se pretendan formular, cualquiera sean las preferencias ideológicas que los guíen, que no contemplen al sector con una racional mirada de largo plazo.
La brutal crisis de fines del año 2001, incubada desde el año 1999, que provoco una caída del PIB del -12% solo durante el año 2002, demostró que el consumo de energía es poco flexible a su disminución pues ese año solo decayó un -2,5%, una quinta parte de la disminución del PIB. Por el contrario, durante la posterior recuperación del PIB del +50% durante el periodo de los años 2003-2008, el consumo de energía creció el +25%, la mitad de la recuperación del PIB.
Aun cuando este ineficiente proceso de recuperación económica pueda ser parcialmente explicado por una política de precios regulados de la energía que propician su despilfarro, quedaría claro que esta característica relación marca la necesidad que cualquier programa estratégico de progreso nacional debe contener una política de estado fundada en el largo plazo para el sistema argentino de energía.
Paradójicamente, durante la primera década de un tercer milenio muy marcado por las innovaciones tecnológicas, practicamos una política solo coyuntural en materia de energía. Si bien el muy referido cambio de matriz energética no llevara los 40 años que fueron necesarios en los EE.UU., para migrar primero de la leña al carbón y luego de este al petróleo, serán necesarias 2 décadas en nuestro país para atenuar en un -10% la fuerte dependencia actual del sistema energético del 90% de las fuentes fósiles como petróleo, carbón y gas natural.
Este cambio de matriz, por validas razones ecológicas y económicas de largo plazo, se debe efectuar hacia las energías llamadas “limpias”, renovables y menos contaminantes como la hidráulica, eólica, solar, geotermal y los biocombustibles, para que incrementen su participación global del actual 10% al 20% durante los próximos 20 años.
En un reciente seminario, organizado por la Fundación RAP (Red de Acción Política) y el CACME (Comité Argentino del Consejo Mundial de la Energía), destacados expertos coincidieron, técnica y económicamente, que el actual desafío de seguridad energética argentina consiste en como, en pocos años, trocar la actual necesidad de 4.000 millones de dólares por año de subsidios públicos al sector por lograr sostenidas inversiones publicas y privadas del orden de los 10.000 millones de dólares anuales.
Ing. Castor López, Diputado Provincial y Presidente de la Junta Promotora de la fusión Recrear + Pro en Santiago del Estero, Agosto del 2010.

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publicado el septiembre 10th, 2010 a 14:21
publicado el septiembre 10th, 2010 a 14:31