4 septiembre 2010

Las consecuencias no queridas. Por Vicente Massot

Publicado en Opinión, Política |
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  • Periodismo de Verdad: 4 de septiembre de 2010

        

    El tiro le salió al gobierno por la culata. Es que no hay otra forma de sintetizar lo que le sucedió al kirchnerismo apenas transcurrida una semana desde aquella patética puesta en escena donde la presidente, entre equivocaciones groseras y mentiras al por mayor, le llevó a Clarín y a La Nación el mayor ataque mediático de los siete años que llevan -ella y su marido- al frente de la administración del país.

    Esta vez se quiso embestir contra los dos diarios más importantes de la Argentina sobre la base de una acusación que Cristina Fernández levantó utilizando la cadena nacional de radio y televisión. La estrategia, seguramente pergeñada por el santacruceño, a partir de una investigación hecha por Guillermo Moreno, no pudo ser peor. Por eso mismo no sorprende que, a siete días vista, haya concluido en un fracaso sonoro.

    Claro está que el oficialismo ni por asomo aceptará que perdió la partida. Seguirá golpeando, a tontas y a locas, con todos los medios a su alcance, hasta que, como siempre sucede entre nosotros, estalle un nuevo escándalo y el caso de Papel Prensa pase a revistar en un segundo plano.

    Porque eso es lo que, tarde o temprano, pasará. No significa, lo dicho antes, que el gobierno se dé por vencido y en algún momento, sin decir esta boca es mía, se olvide por completo de un asunto que tanto le importa. Supone, eso sí, que la batalla el kirchnerismo la tiene perdida sin remedio ante la opinión pública, en la justicia y, seguramente, en el ámbito parlamentario.

    A la gente del común el problema ventilado, como si fuese cosa de vida o muerte, por Cristina Fernández y el coro estable del aparato gubernamental, no le interesa en absoluto.

    Si a quienes están informados y recuerdan cuanto aconteció hace 32 años les cuesta seguir el caso y muchas veces se pierden en la maraña de declaraciones y contradeclaraciones de los principales actores de la historia, qué decir de la gran mayoría de los argentinos, poco dados a perder su tiempo en analizar temas tan crípticos como lejanos en el tiempo.

    Con la justicia pasa algo distinto. Oportunamente, deberá avocarse a la querella que presentará el Procurador Joaquín Da Rocha, pero a caballo de unos tiempos que no son, ni mucho menos, los que desearía el kirchnerismo. Otros conflictos de más bulto que han aterrizado en los tribunales, anteriores al de marras, aún esperan sentencia.

    Cualquiera, pues, con un mínimo de sentido común y conocimiento de cómo se mueven los jueves y fiscales aquí, podrá darse cuenta de que nada habrá de resolverse de manera definitiva antes de la finalización del mandato del matrimonio gobernante.

    ¿De que le valdría a los Kirchner que Clarín debiese desprenderse de parte de los medios que hoy controla, cuando ellos ya no habiten la Quinta de Olivos? De nada, prácticamente, salvo que por alguno de esos imponderables que llamamos milagros lograsen mantenerse en el poder después de octubre del 2011.

    Lo que es necesario entender del plan en contra del Grupo Clarín es que tiene sentido para el santacruceño en tanto y en cuanto pueda resolverlo en el curso del mandato de su mujer. Si el efecto en el cual pensó al declararle la guerra, se produjese después, el suyo sería un triunfo demasiado amargo como para festejarlo.

    Luego de los testimonios de Isidoro y de Sol Graiver, que dinamitaron la base de la argumentación oficial, las dificultades de Da Rocha para darle un sustento jurídico creíble y sólido a la presentación que hará, no serán menores. Por muchas que hayan sido las acusaciones lanzadas contra el hermano del misterioso banquero muerto en 1976, sus declaraciones y las de su sobrina fueron verdaderos torpedos que impactaron en la línea de flotación del gobierno.

    En cuanto a las consecuencias que la denuncia estridente respecto de Papel Prensa ha tenido en el seno del arco opositor, lo que primero sobresale es que ninguno de los principales políticos y partidos que lo conforman -de las más variadas observancias ideológicas y no siempre aliados entre sí, como lo demuestran las votaciones que han tenido lugar en lo que va del año tanto en la cámara de senadores como así también en la de diputados- reaccionaron en la dirección que le convenía al kirchnerismo.

    Al unísono salieron a responderle y a tomar distancias de cuanto parece, a esta altura, un montaje mal hecho y peor explicado. Si hasta Roberto Cirilo Perdía, uno de los últimos jefes de la organización terrorista Montoneros, hizo causa común con los críticos.

    Si alguien pensaba que la presentación de Cristina Fernández iba a contar con la presencia de los más destacados hombres de negocios -esos que hasta pocos meses atrás poblaban los actos a los que eran convocados sin darles mayores explicaciones- se equivocó.

    Fue la primera vez que, casi sin excepciones, aquellos se negaron en redondo a oficiar de comparsa. Si alguien creyó que estarían junto a la presidente los gobernadores más adictos al matrimonio, también erró en el vaticinio. Por supuesto no faltó Daniel Scioli, síntesis y compendio del vasallaje político.

    Tampoco los sindicalistas aparecieron -fuera, claro, de Hugo Moyano que no podía faltar.

    Lo que demuestran las presencias y faltazos en la Casa Rosada del miércoles anterior, son dos cosas importantes: por un lado, quiénes ofician de incondicionales del kirchnerismo y, por el otro, que más allá de éstos el gobierno carece de aliados capaces de otorgarle a la coalición electoral en la cual piensa el santacruceño para 2011 una envergadura similar a la de los comicios de 2005 y 2007.

    Scioli puede medir bien en las encuestas y ello no es novedad, pero se necesita algo más que su aporte para obtener el 50 % de los votos en la provincia de Buenos Aires. A su vez, Hugo Moyano puede ser indispensable a la hora de disciplinar a los sindicatos y de coaccionar a determinados empresarios, pero causa espanto y rechazo en las clases medias del país.

    Que su asunción como presidente del PJ bonaerense haya sido hecha casi a escondidas pone de manifiesto hasta qué punto no sólo su nombre es resistido por el electorado independiente sino también por el conjunto de los barones justicialistas del Gran Buenos Aires.

    Como dijimos en entregas anteriores, las decisiones que fueron tomadas en el transcurso de las últimas semanas por el kirchnerismo van a contramano de la posibilidad de seducir a los votantes que necesita para ganar en la primera vuelta o, en su defecto, de tener un lugar en la segunda y poder salir airoso. Entre los años 2003 y 2007, por distintas razones, el kirchnerismo fue capaz de unir, tras el liderazgo de su jefe, a un conjunto de poderes, franjas sociales y capillas ideológicas como nunca antes se había visto en la Argentina.

    En ese orden ni siquiera el menemismo, que había obrado un giro copernicano en punto a las alianzas entre las clases más necesitadas y las más pudientes -contra lo que enseñaba la historia del peronismo- se le acercó.

    Que en el Frente para la Victoria confluyeran los votos de los integrantes de la Unión Industrial Argentina y los de los intelectuales de Carta Abierta, los de las clases medias urbanas y los de los sectores más pobres del conurbano bonaerense, los de los hombres del campo y los de las Madres de Plaza de Mayo, los de los intendentes del Gran Buenos Aires y los de buena parte del así llamado progresismo nativo, resultó un fenómeno asombroso. Algunos adhirieron por simpatía ideológica, otros por miedo y los más porque el kirchnerismo estaba en condiciones de satisfacer sus deseos.

    Esa coalición de hecho ha quedado reducida a escombros lo cual no quiere decir que el kirchnerismo esté muerto, sino que no puede soñar con la hegemonía de antaño ni obtener 40 % de los votos en la primera vuelta de las elecciones presidenciales por venir.

    Fuente: NOTIAR


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    Esta noticia fue publicada el Sábado, septiembre 4th, 2010 a las 9:22 bajo la sección Opinión, Política. Puedes seguir cualquier respuesta a esta noticia mediante de RSS 2.0 feed. Puedes dejar una respuesta, o seguirla desde tu propio sitio.

    There is currently una respuesta to “Las consecuencias no queridas. Por Vicente Massot”

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    1. 1 On septiembre 14th, 2010, Justino Argentino said:

      La sociedad argentina carece de capacidad para generar políticos provos .
      Porqué?
      Porque la sumatoria no le llega .
      O sea tenemos lo que tenemos.
      No los importamos, son nuestros y es de muy mala calidad humana.

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