¿Disciplina o libertinaje?. Ocupaciòn y avasallamiento en las escuelas. Por Nèlida Rebollo de Montes
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¿Se les puede conceder total libertad a los alumnos que no tienen la capacidad de resolver racionalmente el problema de la propia conducta?
No se puede ser indiferente cuando la disciplina de todo un sistema escolar peligra por efecto del aflojamiento de los que tienen el deber de resguardar el orden, respaldando al Ministro de Educación del gobierno porteño donde fueron inicialmente tomadas más de veinte escuelas con el acompañamiento de los que están comprometidos con el caos. Los teorizantes demagogos no contribuyen a la paz.
La adolescencia “necesita alas”; pero también necesitan “frenos” cuando tratan de salirse de su órbita.
La libertad de los alumnos que tomaron en la Capital Federal una veintena de escuelas al comienzo y luego fueron por más instituciones escolares en abierta perturbación contra las autoridades del gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a instancias de la Cámpora, como opinan muchos padres de alumnos. Cabe aclarar que la Cámpora es una organización que actúa como fuerza de choque contra los que no son oficialistas y es dirigida por el hijo del ex presidente y ahora Diputado Nacional Néstor Kirchner. Los piquetes estudiantiles ocasionan graves dificultades en el tránsito vehicular.
Las demandas de los adolescentes y jóvenes no son justas puesto que poner a punto todos los establecimientos educativos no es “soplar y hacer botellas” (frase memorable del Libertador de América General Don José de San Martín). ¿Ignoran que actualmente estamos todos los que trabajamos incansablemente, bajo la línea de pobreza por la inflación arrolladora? ¿Ignoran que los empresarios tienen que padecer el bloqueo ordenado por el súper millonario Secretario General de la Confederación General de Trabajadores, Hugo Moyano, llamado así por Armando Cavalieri líder de la Federación de Empleados de Comercio y Servicios (FAECYS), testigo de la deserción de afiliados a la Federación que dirige, por haberse vendido esos afiliados a Moyano? ¿Y qué decir de otras empresas que se ven impedidas de acceder a las exigencias de su personal?
La ocupación de escuelas en el área del Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires por grupos de alumnos que responden a los que mueven los hilos contra los que no pertenecen al oficialismo despierta desconfianza. Estos hechos fraudulentos cuentan con la colaboración de “chavistas”, “castristas” y de otras ideologías totalitarias que pretenden cambiar las ideas sobre la libertad transformándola en esclavitud.
El activismo cuenta con estudiantes crónicos que permanecen durante años en las universidades estatales para actuar cuando su acción es requerida por políticos manipuladores que están en el poder quienes retribuyen muy bien los servicios que prestan algunos supuestos estudiantes. En realidad, el espíritu democrático no reina en esos jóvenes puesto que apoyan la corrupción, el nepotismo y la usurpación.
Indigna la hipocresía de los que alientan el desorden con fines políticos y actitudes insultantes a las que llaman “debate” a pesar del contraste indeclinablemente malvado pues se trenzan en acaloradas discusiones plagadas de falsedades. Esta forma de contradecir la preferencia que tienen los ciudadanos por algunos funcionarios democráticos que no forman parte del oficialismo y que han llegado con su voto al cargo y no son serviles del gobierno, merece el repudio.
Los grupos de alumnos han adoptado excesos anarquistas. Creen que cualquier coacción o autoridad que se ejerza sobre ellos constituye un atropello intolerable, pues se arrogan el derecho de hacer lo que les venga en gana. Están politizados y son adictos a ideologías totalitarias cuyos verdugos mantienen durante décadas encarcelado a su propio pueblo al que han despojado de todo derecho y libertad. Ninguna persona responsable y decidídamente justa apoya un activismo inapelablemente injusto, autoritario y cruel.
Hay madres de alumnos que han llegado a pedir hasta la instalación de un ascensor para subir un piso; otra calefacción en todo el edificio; y, por supuesto, refrigeración en los meses de verano. No les importa que en la lejanía del interior del país haya niños que van descalzos a la escuela y caminando quilómetros por caminos irregulares, expuestos a cualquier peligro y su escuela es una tapera. Esa gente que peticiona cosas inconcebibles no paga la educación de sus hijos. La pagamos todos a través de los numerosos impuestos y altas tasas que ya no están al alcance de la mayoría el cumplimiento de impuestos multiplicados abusivamente
La opinión pública no está de acuerdo “con el insolente libertinaje” ni con el cínico nihilismo que se quiere imponer demagógica o irresponsablemente. Los envalentonados dirigentes estudiantiles no están dotados de juicio en el reclamo ni agradecen la oportunidad que tienen para estudiar, gracias a los que financiamos con gran esfuerzo sus estudios. Además el gobierno nacional no reparte equitativamente entre la Capital del país y las provincias la recaudación, pues el 70 % lo toma el gobierno nacional y apenas el 30 % le dejan como migajas a las provincias.
El desnivel empobrece a las provincias y niega en los hechos el federalismo. De ahí que la exigencia de los estudiantes obliga a reflexionar: Entre la dirección recta de la disciplina o el libertinaje disolvente; entre el alumno sujeto al respeto de su escuela o el alumno inconstante e insolente ¿Cuál merece respeto y consideración para concederles derechos y libertad de acción? Una cosa es hacer lo que a los estudiantes les venga en ganas, sin respeto para nadie; y, otra cosa es que el estudiante tenga la capacidad de resolver racionalmente el problema de la propia conducta.
La inseguridad en la Argentina y la desorganización que provocan grupos violentos no es el ambiente adecuado en una sociedad y mucho menos el respeto a un gobierno que oculta la inseguridad y que, día a día, hace retroceder al pueblo a un ambiente cada vez más primitivo en el que no se dan las condiciones para saber cómo manejarse. Tampoco es tolerable impulsar a jóvenes y adolescentes escolares a avasallar a las autoridades de la educación por no enseñarles a los alumnos a que la dirección personal de la conducta requiere responsabilidad.
Cuando el estudiante tiene la capacidad de resolver racionalmente el problema de la propia conducta, indudablemente, favorece el uso de la libertad. Pero las medidas irracionales de grupos de estudiantes que arrastran a otros para ocupar colegios con cualquier motivo impiden que otros condiscípulos y profesores no puedan cumplir con sus deseos de asistir a clases y no perder días irrecuperables.
Apoyar los excesos de alumnos que se apropian de las escuelas, ocupando el edificio donde no es posible controlar lo que hacen adentro es un desatino. Sin embargo, se sabe que comen y beben y se entretienen con tecnología digital de su propiedad y también ocasionan destrucciones en el propio colegio. En algunos casos se ha comprobado una manifiesta insolencia contra el personal docente que intentaba ingresar al establecimiento educativo para saber qué estaba pasando adentro tras comprobar que habían tapado los vidrios de entrada al colegio a través de los cuales se podría identificar “actores y ocupas”.
El grupo de escolares participa de reuniones con dirigentes estudiantiles politizados. Generalmente los adolescentes que se han atrincherado en las escuelas son instrumento de intereses ajenos a los reclamos.
Los alzadísimos “conductores” de los adolescentes y jóvenes impiden ser controlados, poniendo así en peligro a los más jóvenes y la integridad del edificio escolar. No se puede ser indiferente cuando la disciplina de todo un sistema escolar peligra por efecto del aflojamiento de algunos padres y de los que también tiene el deber de poner orden, respaldando al Ministro de Educación y al mismísimo jefe del Gobierno donde fueron inicialmente tomadas más de veinte escuelas a las que se han sumado otras con el acompañamiento de los que están comprometidos con el caos. Tampoco contribuyen a poner orden los teorizantes demagogos que justifican lo que está ocurriendo.
La adolescencia “necesita alas”; pero también necesita “frenos” cuando tratan de salirse de su órbita. Si se permite tondo se pierde el concepto de responsabilidad de los mayores, con el consiguiente peligro irreparable.
Hay que dejarlos que actúen, cuando su responsabilidad lo permita; así la relación con la autoridad escolar estará de acuerdo con los méritos de la conducta de los alumnos. Los estudiantes deben comprender desde el ingreso a los establecimientos educativos a respetar la legislación escolar que se inspira en normas generales del Derecho que no pueden desconocerse por sentimentalismo o por debilidad.
Las personas responsables de los alumnos en las escuelas tienen la obligación de exigirles el cumplimiento de la legislación de los establecimientos educativos y universidades y no usar la demagogia de reconocer todo lo que piden como parte de la estrategia de los pícaros. Si esto no se cumple estamos en el absurdo que termina en caos.
Las autoridades de la educación, maestros y profesores, padres de estudiantes, Ministro de educación deben respetarse como un valor para los alumnos para que la disciplina sea una realidad. El exceso libertario jamás debe degenerar en abuso de la libertad que lleva al desorden y a la crisis, a la inversa de las que ha habido en otros tiempos, que eran parciales y con voluntad de poner límites.
La educación argentina reclama hoy los mayores esfuerzos de formación humana y su papel en la recuperación del país que se está volviendo insostenible. La pobreza y la crisis moral en cualquiera de los sectores que se lo considera muestra una visible repercusión sobre los demás sin avizorarse un mejoramiento. La destrucción que nos acecha no deja lugar a la participación en la fecunda creación de lo nuevo. Mientras tanto observamos sobrecogidos el intenso resquebrajamiento del orden y la seguridad por vivir al margen de la realidad.
Nélida Rebollo de Montes, Profesora y periodista, distinguida con el Premio Benefactora de la Cultura. Ingresó en la Academia Provincial de la Historia con el trabajo titulado “Mujeres de mayo y prácticas electorales de 1816”. Con el voto unánime ingresó a la Sociedad Argentina de Escritores, institución que la distinguió con la “Pluma de Oro”, con la “Faja de Honor” y el “Gran Premio de Honor”. Autora del libro “Nuestro Tiempo y Nuestras Razones”, que incluye artículos de su profesión periodística, afrontando la difícil tarea del comentario instantáneo sobre los acontecimientos que se suceden diariamente. La gente valora en ellos el estudio relevante sobre el presente. El libro figura en las Universidades de Yale, de Columbia y en el catálogo online de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos de Norteamérica.
Su Ensayo “Rosalía de Castro. Antonio de la Torre : dos testimonios de la pasión poética” fue incluido en la Biblioteca de la Universidad de Santiago de Compostela de España, en la Biblioteca Pública de Nueva York y en la Universidad Stony Brook de Nueva York de Estados Unidos de Norteamérica. Fue galardonada, en 1986, con el premio internacional “Honoris Causa”, otorgado por la Acción Católica Argentina con sede en Los Ángeles, Estados Unidos de Norteamérica. En el mismo año, la Comisión Interamericana de Mujeres de la Organización de Estados Americanos (OEA) la premió en el año internacional de la Paz. Fue elegida, en 1990, “Ciudadana Ilustre” de la Municipalidad de la Capital de San Juan y condecorada, en 1994, por el Diario la Razón. El Centro de Artistas Plásticos de San Juan la consagró, en el mismo año, “Benefactora del Arte”. Tres veces premiada, en 1997, 2001 y 2005, por ADEPA (Asociación de Entidades Periodísticas de la Argentina) y, en 1990, con el “Santa Clara de Asís”.
La Dra. Rebecca Ann Bill de la Universidad de Stanford de California, Estados Unidos, contratada por FORES (Foro de Estudios sobre la Administración de Justicia de la República Argentina) consultó como fuente de de información un artículo periodístico de la Profesora Nélida Rebollo de Montes (argentina) titulado “La Suprema Corte de Justicia en la Presidencia de Mitre” y un libro del Dr. Harold J. Berman (estadounidense) de la Universidad de Cambridge y profesor emérito de la Universidad de Harvard. De ambos autores la Dra. Bill utilizó datos para su obra de investigación “Medición de la autonomía judicial. Juzgado Federal de primera instancia en lo penal de la República Argentina”.

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